ABRIDOR DE SURCOS
de Rubén Héctor Ferrari*
de Rubén Héctor Ferrari*
Quizás te envidio un poco
el tiempo que has vivido,
sencillo pionero.
Y me ubico, irreverente, en esa época
de sublimes empresas y de sueños,
cabalgando en ilusiones
de nostalgias que fueron...
Es tu mundo callado el que yo busco
porque anhelo la esencia de tu sino
como el viajero que advierte su retraso
sin poder alcanzar lo que ya ha sido.
Me has dejado el sabor de tu aventura
en señales de surcos,
en rumores de acequias
y labradíos de trigo.
Pero estás siempre más allá
de la punta de mi arado
orientado hacia el sur
de tus pasos sin ruido.
Y añoro el momento que atrapaste
en el instante justo
de otros designios...
Adivino tu mano creadora del ladrillo,
el fogón de tu casa
y la risa de tus hijos.
Y te veo concebir tus palas
y tus mesas largas
y tus velas de sebo
y tu confiado silbo...
Te presiento cultivando en himnos
el mañana desde el que yo vuelvo
para añorar los muros
y las calles anchas
de tu mismo pueblo.
Y toco las tapas gastadas
de tu vieja Biblia
buscando los olores
del sudor labriego
y la esencia
de tus mismos sueños...
Advierto así mi demora en el tiempo
y tu hora lejana
y mi afán sin remedio.
Por eso envidio un poco tu ocasión,
pionero;
por ser el inspirado abridor
de surcos
y de riegos.
*Rubén H. Ferrari Doyle (Gaiman - Chubut) es Profesor en Letras (UNPSJB) y miembro del Gorsedd del Chubut.
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6 comentarios:
¡Qué lindo poema! Apenas lo lei quise hacer un comentario rápido; pero voy a ampliarlo porque realmente estos versos dan para mucho. Lindo en forma y lindo en fondo.
Cuanta verdad tiene Jorge, aunque a mi no me va a salir explicarlo cómo él.
Es un hermoso poema! Rescata la esencia de la vida en la colonia, las luchas, abatares, tan diferentes a los nuestros.
Qué vidas simples pero cargadas de tantas ganas por hacer y vivir, sin rendirse ante las dificultades.
¿No podremos vivir de esa misma manera pero en este tiempo? Muchos dirán que sí -y seguramente tendrán razón- pero cuan difícil!!
Felicitaciones Ruben
Rubén H. Ferrari, desde su bellísimo poema, despierta en el sujeto, aquello que la tecnología, aun no ha podido igualar.
Abridor de surcos, abridor de sueños, creadores de anhelos. Que has permitido los campos de trigo en esa aventura,de tu andar labriego, de ponerle esperanza a la tierra. Añoranzas de un tiempo difícil,Pero honesto y claro,como el correr del agua,en las acequias abiertas, del árido suelo. Se sabia el porque del trabajo duro, el valor del esfuerzo.Era construir la vida, dar calor a la familia, entonar los himnos en lenguas que vinieron de lejos, que dejaron umbrales. No era un mundo más fácil, tenia principios,que marcaron el signo.
M.M.
Creo que tanto Rosanna como María de las Mercedes, en pocas y justas palabras expresaron, con más precisión, lo que a mi me va a llevar varios párrafos. El análisis de una obra literaria atenta contra esa sensación de amor a primera vista, o de desagrado instintivo, que provoca en el lector la creación artística. Pero leer críticamente un texto también permite aprender. ¿Por qué me gusta tal verso, tal imagen, tal recurso? ¿Por qué el autor empleó tal palabra? En la respuesta a esos “por qué” se encuentran las pistas que permiten entender la obra y entendernos más a nosotros mismos como lectores. Mi primer comentario fue producto de la “sensación instintiva”; ahora trataré de ahondar en los motivos de mi opinión. En principio, me atrajo el tema del poema: la añoranza del autor por los tiempos de aquel pionero que, a costa de sacrificios, labró la tierra para cosechar futuro (un futuro que no disfrutó el “abridor de surcos”, como lo describe la precisa metáfora de su título; sino el escritor, que vino después). También me atrajo el estilo claro y diáfano; pero no exento de recursos. Por ejemplo, la enumeración de los símbolos a través de los cuáles se vislumbra al chacarero: el arado, los surcos, las acequias, los trigales, los ladrillos, las velas de sebo, las palas, los himnos, la Biblia… O el empleo de imágenes auditivas, como los “rumores de acequias”, los “pasos sin ruido”, el “confiado silbo”; visuales como “señales de surcos”; táctiles como “toco las tapas gastadas. O la musicalidad llena de sentido de muchos versos: “como el viajero que advierte su retraso / sin poder alcanzar lo que ya ha sido”, “te presiento cultivando en himnos / el mañana desde el que yo vuelvo”. Seguramente algún lector más versado descubrirá muchas otras cualidades al poema; las que he encontrado me bastan para que me guste.
El poema, a medida que lo vas leyento va llenando tu casa de olor a tierra mojada, a pasto, a flores, a riego, te da ganas de salir al jardín y meterte de lleno en la naturaleza, arreglar algo, conversar un poco con las plantas.
Los comentarios que despierta el poema, ya están. Que otra cosa se puede decir despues de Jorge, de Rosanna, de Mercedes; a mi, ese desglosar de poemas que salen del alma, me superan. De esa tierra arada si, oigo el galopar de un caballo trayendo el recuerdo de un poema de Carlos D. Ferrari que fue premiado en 1987 titulado "DONDE ESTABAN LOS SURCOS" Ya una inspiración tremenda con ese tema que hoy actualiza Rubén. !Bravo!!!
GRANDE TÍO. QUÉ PLUMA.
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