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sábado, 14 de julio de 2012

LA NOTA DE HOY




LOS RETOÑOS DE UN PADRE FIEL… 
(A SU AMANTE SECRETA)

Cinco obras de Efrén Juan Ulla






          Imaginemos lo que significa para alguien con fuerte vocación literaria llegar a convertirse en un escritor “a tiempo completo”; esto es, asumir la escritura, en sus posibles variantes y combinaciones –ensayo o ficción, periodismo, poesía, etc.– como una profesión estable, como medio y modo de vida. Sin duda debe ser una dicha envidiable. Los que no la tienen e integran esa invisible legión de “aspirantes a”, dedicando a la literatura el casi siempre escaso tiempo libre, viven con ella, en cambio, una relación que bien podría compararse con la de una “amante secreta”. Es una realidad ligada al contexto social, cultural y económico en el que nos toca (sobre) vivir, que no siempre le permite al artista procurarse el sustento desarrollando sus mejores dones. 

        Sabemos que hay muchísimas personas “casadas formalmente” con un trabajo también solemne, exigente –y por lo tanto, muchas veces aburrido, cuando no insoportable, como a veces pueden serlo algunos matrimonios– que se desquitan de esa desdichada rutina manteniendo un idilio a deshoras con la escritura. Claro está que, a veces, de esas relaciones clandestinas puede nacer un hijo. Ahora bien: los testimonios de “pueblo chico” dan cuenta de que los hijos de padres “encubiertos” son los que mejor confirman las sospechas del prójimo, porque guardan con su progenitor un parecido extraordinario, delatando esa ascendencia oculta a través del rostro, los ojos, las actitudes y la manera de ser. Del mismo modo, los amantes de la literatura procrean hijos –textos– que los pintan de cuerpo entero y mejor que nadie en el mundo.

       Este breve introito viene a propósito de que acaba de llegar a mis manos la producción literaria de un notable escritor “a tiempo parcial”,  Efrén Juan Ulla, que engendró con doña Letras, hasta hoy, cinco bellas creaturas: unos libros que son su “genio y figura” y que, ante sus conocidos, denunciarían por el estilo y las palabras esa indudable paternidad aunque los hubiera publicado bajo algún seudónimo. 

       En su conjunto, estas obras revelan los diversos motivos de desvelo que caracterizan al autor: sus interrogantes y convicciones vitales y filosóficas –“Atrévase”, Ediciones Escritores Argentinos de Hoy, Bs. As., 2002–, su vocación docente y la generosidad de transmitir los sólidos conocimientos adquiridos en la faz comercial, industrial y empresarial durante una rica trayectoria profesional –“Marketin$”, Orientación Gráfica Editora, Bs. As., 2007–, sus preocupaciones sociales, políticas y económicas –“Argentina tiene salida”, Índigo Ediciones, Rosario, 2009–, la sabiduría acumulada a través de sus experiencias existenciales, acuñada en ingeniosos aforismos –“Yo, Dios”, Índigo Ediciones, Rosario, 2010– y, de reciente publicación, un volumen de poemas que desde el título –“Partes pudendas”, UNR Editora, Rosario, 2011– ya nos indica que Efrén Ulla ha decidido abrirnos allí de par en par las puertas de su corazón, mostrándonos su costado más íntimo y profundo.

       No puedo resistir la tentación de transcribir algunos fragmentos–limitándome aquí a las obras puramente literarias, ya que la brevedad de esta nota impide ahondar en las de contenido económico y político, con valiosas referencias técnicas y bibliográficas– donde el autor exhibe sus grandes cualidades, no solo como pensador, poeta o consejero, sino además un don propio de las inteligencias exquisitas: su finísimo sentido del humor. Pruebas al canto.

       “Atrévase” es una obra desenfadada, surcada por el humor y la ironía, dos ingredientes que se revelan desde el comienzo mismo con los “prólogos apócrifos” de Julián Marías, Lord Keynes, Woody Allen y otros famosos. Efrén Ulla se ríe de sí mismo, y lo hace como un recurso formidable para luego poder mofarse, ya sin excusas, de un mundo y un tiempo cargados de contradicciones. El libro contiene historias desopilantes, entre las que se destacan por su mordacidad y las moralejas implícitas un “Cuento infantil”, “Amores que matan”, “Corrupción”, “Mi personaje inolvidable” –la historia de Casimiro Lisartre, un personaje pueblerino que “…en realidad se llamaba Lisandro. Le decíamos Casimiro porque era tuerto”–, sin olvidar los “Cuentos explicados”, cuyas notas de esclarecimiento son más cómicas que los cuentos mismos. Para ilustrar la frescura de su prosa, vale la pena reproducir el remate de la historia titulada “Las manchitas”, que narra las vicisitudes de Bárbara, una chica hermosa y a la vez muy tímida. La joven comienza a sufrir la aparición de unas extrañas manchas en todo su cuerpo y no se atreve a consultar a un médico, porque todos los hombres la acosan siempre con demostraciones de lascivia. Hasta que un día, ya desesperada, acierta a pasar frente a una casa donde ve un cartel: “Doctor Erik Frederiksen”. La apariencia de orden y formalidad, unidas al apellido “sueco o danés o de por ahí”, le hacen pensar que seguramente se tratará de un profesional serio, objetivo, científico, y que nada malo le puede pasar. Se decide a hacer la consulta. He aquí el desenlace.  “Cuando entró a la sala donde atendía el Dr. Frederiksen saludó apenas y comenzó a hablar atropelladamente al tiempo que se iba desvistiendo. Hablaba sin parar y sin dar lugar a interrupciones, contando toda su angustia por las manchas que habían ido cubriendo su cuerpo maravilloso. (…) Contó todo de un tirón, y al terminar ya estaba totalmente desnuda. Espectacular en su belleza. Y preguntó: –¿Qué opina sobre las manchitas, Doctor? –Me parecen preciosas, pero tenga en cuenta que soy Doctor en Filosofía –dijo Frederiksen”.

        No menos humor e ironía hay en los “desafortunados aforismos desaforados” que integran el volumen titulado “Yo, Dios”. En este caso se suman a esos condimentos una imprescindible cuota de sabiduría vital y cierta dosis de filosofía, que afloran una y otra vez a lo largo del libro. El “Dios-Autor” elabora un prolijo catálogo de respuestas, consejos, recomendaciones y advertencias. Citaré solo unos pocos como botones de muestra. “Cuando investigues, no te enamores de tus ideas, o te resultará imposible abandonarlas”. / “Soledad no es estar solo. Soledad es no quererse”. / “¿Por qué les preocupa tanto la muerte? ¿Han escuchado alguna queja?” / “Conviene que los perversos sean perezosos”. / “Quien no tiene poder, aún puede persuadir”. /”Qué poca cosa son los sueños de los déspotas”. / “La palabra puede ser más grande que el hombre que la dice y llegar más allá de su lugar y su tiempo”. Memorables.

        Concluyo esta reseña con las impresiones recogidas a primera lectura de los poemas contenidos en “Partes pudendas”. Bajo el subtítulo de “Poesía desde la vereda de enfrente”, el volumen arranca con una “aclaración necesaria” para explicar los motivos de la titulación. También aquí campea el humor en logros como los de “Muletillas”, “Caricias”, “Duda” y otros agudos retruécanos versificados. En esta línea creativa se destacan, como recursos francamente novedosos, “Poesía en continuo envolvente” y “Corre, corre, sigue, sigue”, facturas textuales que, bajo la forma de un círculo y de un anillo de Moebius, respectivamente, intentan desafiar la finitud y el Tiempo.  Todos estos despliegues risueños sirven de deliberado camuflaje para introducir, en definitiva, sentimientos mucho más profundos: la angustia, el dolor y el amor. En el aprieto de tener que elegir aquí tan solo uno a manera de muestra, optamos por este requiebro romántico:



                                           EL ENCUENTRO


                                         Noche pletórica
                                                  de auspicios,
                                        poblada de premoniciones,
                                         llena de mística
                                             y poesía,
                                        cargada de intenciones
                                                                reprimidas,
                                         fantasías ocultas,
                                         mágicos presentimientos.


                                         Noche descontrolada,
                                         ardiente como leños,
                                         abrasadora, prodigio 
                                                de fascinante seducción,
                                         providencial vacilar
                                           de tu voluntad
                                                      y la mía.


                                         Encendida tú,
                                                encendida la noche,
                                         en llamas, los dos.
                   


        En la vida real, Efrén Ulla es un experto comerciante y empresario de larga trayectoria en Santa Fe. Está felizmente casado desde hace muchos años y su matrimonio con Martha Irigoyen, lejos de ser rutinario ni aburrido, le ha deparado una ingente felicidad y tres hermosas hijas.

      Él ya no oculta las relaciones clandestinas con sus dos amantes actuales, doña Poesía y doña Prosa. No podría hacerlo; sencillamente porque estos hijos de papel han comenzado a ambular por el mundo literario proclamando a voz en cuello su inexcusable paternidad. Y como buenos retoños de mejor padre, cada día van acrecentando una fama muy bien ganada. Entretanto, el autor sigue soñando con el retiro de la actividad empresarial y la posibilidad –ya muy cercana– de convertirse en escritor “a tiempo completo”. 

       Seguramente habrá de lograrlo. Sin duda lo merece.



Carlos D. Ferrari
   

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4 comentarios:

Jorge Vives dijo...

Belleza no es sinónimo de bondad, como notoriedad no es sinónimo de calidad. Esto último es particularmente cierto en el ámbito de la Literatura. Por ello el lector conspicuo puede encontrar verdaderas joyitas entre los libros que no llegan a tener una amplia difusión en los circuitos comerciales (pero que deberían tenerla). La obra de Efrén Ulla es así. Si bien sólo pude ver sus otros libros – y descubrir de esa manera la profunda cultura general del autor, como en "Marketin$" ; donde combina citas de diversos pensadores con su correlato en las situaciones cotidianas), quiero mencionar “¡Atrévase!”; que leí con tranquilidad. Es un texto para disfrutar; por su humor en primera instancia; y luego, como un coletazo que alcanza al lector cuando termina de leer una frase, por la profundidad del pensamiento. Y como es para disfrutarlo, lo disfruté: desde el comentario anónimo de la solapa que advierte que el libro “no debería faltar en ninguna biblioteca” o la aseveración de la tía del autor respecto a que es un libro “extremadamente entretenido” que leerá cuando tenga tiempo; hasta las ideas inquietantemente factibles de “Un aporte a la burocracia” o el regusto amargo del sarcasmo de las “Moralejas Amargas”. Al igual que Carlos Ferrari, espero que el autor pueda dedicarse a su vocación a “tiempo completo”.

jorge g. robert dijo...

Estimado Carlos: Tu discernimiento en la "nota de hoy" tiene la virtud de despertar mi curiosidad ya amortiguada por los años y a favor de Efrén Juan Ulla, intentaré leer uno de sus libros en busca de mi humor que ha tomado el mismo camino.
Exigiré entonces al doctor Frederiksen derive su filosofía y nos informe sobre la salud de la niña que por equivocación entró en su estudio y la importancia o no de las manchitas que él admiró en un cuerpo escultural desnudo para él. Felicitaciónes por lo tuyo Carlos y un abrazo. Rico.

Carlos Dante Ferrari dijo...

Amigo Jorge, amigo Rico, me complace saber que esta nota despertó en ustedes el interés en leer una obra como "Atrévase" -el debut literario de Efrén Ulla- para comprobar por sí mismos la frescura, la sabiduría y el humor contenidos en esas páginas. Una vez más queda sobre el tapete la gran cuestión acerca de cómo difundir y allegar al público interesado las obras que, por cuestiones de "mercado", no integran el circuito de distribución y comercialización a nivel nacional, privando a muchísimos lectores del acceso a esos títulos. Cada vez que el tema es planteado ante los operadores del sistema (organizaciones culturales, editoriales, distribuidores, libreros) vuelve a oírse una y otra vez la historia del Gran Bonete. Habrá que aguzar la imaginación para dar respuesta a esa vieja deuda pendiente. Un abrazo.

Jorge Vives dijo...

Es muy interesante el tema que platea Carlos; y es uno de los puntos que actualmente están siendo discutidos por muchos escritores patagónicos. Parecería que la edición en sí es un asunto más fácil de manejar; pero la difusión de lo publicado se complica. Pero también el problema es... ¿a qué difusión hacemos referencia?

Una difusión “masiva”, del tipo que permite vender un libro como se un paquete de fideos, requiere muchos recursos; que finalmente se resumen en el más fungible de todos: el dinero. Tal vez para los autores patagónicos sea más accesible una difusión “artesanal”; que no quiere decir limitada o reducida, sino hecha con más detalle y precisión. Quirúrgica, diría. En ella podría intervenir toda la cadena de actores, la interfaz que une al lector con el lector: editoriales, librerías, espacios y referentes literarios. En forma sinérgica.

Y agrego algo más. Es cierto que sin difusión, en cierto sentido, un escritor “casi” no existe. Pero menos aún existe si no hay lectores que lo lean; y entre quienes difundir su obra. La falta de lectores, sin dudas, es más difícil de solucionar que la falta de difusión. Aunque ese es otro tema.