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miércoles, 19 de septiembre de 2012

EL RELATO DE HOY






LA NOCHE DICE...


Por Ada Ortiz Ochoa (*)







Vengo desde las profundidades de la nada... o del todo absoluto.
Sólo sé que traigo mi mensaje para mover conciencias, para sacudir las telarañas del entendimiento.
Para obligarte a ti a que vuelvas tus ojos hacia adentro, a la esencia misma de tu ser y tomes nota de tu debilidad o de tu fuerza...
Recuerda que todos necesitamos conocernos para luego reacomodar los pasos, corregir senderos o realizar nuevos planes.
Recuerda qué pasó con tu amigo. ¿Necesito refrescarlo? ¡Bueno, lo haré!

Puedo comenzar por decir que Luca había muerto.
La soledad le había acompañado en la vida y ella le había fiel hasta la muerte. Mientras su cuerpo adquiría la frialdad del duro invierno..., sin primaveras por delante, el viento comenzó a aullar amenazador y trágico.
Los pocos amigos que tenía no se hicieron presentes. La soledad lo invadía por dentro y por fuera. ¿Cuánto de bueno había tenido su existencia?
Era muy pequeño cuando la vida se ensañó con él, luego todo había sido una cadena de amargos desencantos, con algún otro momento de felicidad.
Fue un mozo arrogante y peleador, que parecía disputarle al diario vivir unas migajas de comprensión.
Ahora, ya rígido, su rostro se notaba surcado de infinitas arrugas, pero tenía aspecto de sosiego, de calma...
El tiempo podría haberse detenido allí, en ese mismo instante que parecía... ¡tanta era la quietud del cuadro!... algo intemporal e intangible.
De pronto la puerta se abrió.
Una alargada silueta se dibujó a contraluz... Era una mujer. Caminó como en trance. Parecía débil e insegura.
Un rayo de luz dejó, momentáneamente, apreciar su rostro.
Una expresión de incredulidad dejó paso a otra de dolor, de aterradora lucidez.
¡Luca estaba muerto!..., se sentía vacía y ella misma invadida de mortal desgano.

¿Recuerdas ahora? Ese fue el final de Luca.
He querido que hoy me escucharas, para que la reflexión llegue a tu enloquecida cabeza.
No quieras saber mi nombre, ni ver mi rostro.
Nadie me conoce, yo soy la profundidad de la noche.



(*) Escritora de Sierra Grande.

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1 comentario:

Daniel Montoya dijo...

Muy bueno, un lujo !!! =)