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lunes, 26 de agosto de 2013

EL MICRORRELATO DE HOY





ARISTÓBULO EN LA ERGÁSTULA DE CLÍPOLIS 

(un suplicio esdrújulo) 



Por Carlos Dante Ferrari 






Apaleado, yace ahora Aristóbulo sufriente en el cubículo sombrío. Incrédulo, aún no sale de su asombro ni da crédito a su insólito sino. Lo ha traicionado nada menos que Pífano, su más estólido discípulo. Un pánfilo, un cretino. El muy idiota le reveló al Tribuno el vicio más recóndito de su ínclito mentor: espiar a las vírgenes amantes del Dómino cuando toman sus baños matutinos. Enterado enseguida, de un solo golpe el Edecán del Séquito le ha roto la mandíbula. Después lo ha mutilado. Estúpido se siente el prisionero por haber desoído a la Sibila, aquella del Oráculo de Dódona, en Epiro. Ella le había anunciado cuál sería su trágico destino, de persistir con ese hábito furtivo. Sin embargo fue un crápula, un tonto pervertido, y aquí paga en desgracia la mísera lujuria que lo ha poseído. Revuélcase Aristóbulo en el piso, muy lívido de furia, a más de adolorido. Hasta el alma le escuecen los cáusticos martirios. Y lo que más le duele son los tétricos cuencos, cegados para siempre; los párpados inútiles, las resecas carúnculas de sus ojos perdidos. 



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5 comentarios:

Ana María dijo...

Ingenioso juego con las esdrújulas. Muy bueno.

Olga starzak dijo...

Con este relato, Ferrari nos demuestra -desde un estilo distinto del que hasta ahora se ha permitido mostrarnos- su talento literario. Una faceta más en la amplia gama de la palabra escrita que Carlos maneja con soltura. Creo que es esta capacidad creativa la que lo distingue.

Anónimo dijo...

Es un ejercicio casi perverso, pero lo leo con la rigurosa tonada esdrújula de la mas pura esencia riojana y casi no se nota.

Carlos Dante Ferrari dijo...

Ana María, Olga, Anónimo, muchas gracias por los comentarios. Es cierto, a veces cuando se hacen estos "retruécanos" literarios, las historias se tiñen de un trasfondo trágico para contrastar con el humor, todo lo cual hace pensar que es un juego algo "perverso". Pero siempre queda la oportunidad de compensar, así que la próxima vez le tocará alguna sanción ejemplar al Edecán de Séquito. :-)
Abrazos!

Jorge Vives dijo...

Un “divertimento” que revela la calidad de Carlos para transformar las palabras dispersas en Literatura. Su retórica pletórica de esdrújulas (perdóneseme la pésima cacofonía), transmuta la terribilísima fábula en estético relato de ímprobo mérito.