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miércoles, 31 de julio de 2013

EL CUENTO DE HOY





El silencio

Por Olga Starzak




La última gota había rebotado en la cinta asfáltica y el olor a tierra mojada era lo único que aún permanecía en el ambiente cuando sentí ese silencio que llegó a dolerme.
Era el silencio del que ya nada espera.
Distinto al silencio de la madre al escuchar las palabras de despedida del hijo que emigra. Al silencio del hombre que abandona en el sepulcro al ser que ama. Al silencio del niño que retira su mano cuando  lo han ignorado. Al silencio del soldado que –en la trinchera- espera la orden de ejecutar.

 Era un silencio que no había sentido hasta entonces.

También sabía del silencio de quien se expone, con ansiedad, a un examen;  del  silencio que acontece después del grito del fanático ante la imagen de  la pelota que ingresa veloz en el arco del contrincante; del silencio que en el templo, el devoto necesita para escuchar o hacerse escuchar por la divinidad. El silencio que se sucede al feroz aplauso destinado a una conmovedora obra de teatro. 
El  arrobador silencio que sobreviene al acto de amor sentido y sublime.

Sabía de silencios. Mas no de aquél.
No era aquél un silencio trivial.

Aquel era el silencio que estremece;  deja abierto los poros de la piel,   se mete en las entrañas cuando uno sabe que quedará –por siempre- allí, grabado. El silencio que hace que el cuerpo se contraiga,  la mente se opaque y el espíritu se aquiete hasta casi, paralizarse, sólo en un tiempo, sólo en un espacio; el que necesita para emprender su marcha.

El silencio tan antiguo como la vida misma.
Abismal, eterno.

Silencio.




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sábado, 27 de julio de 2013

EL POEMA DE HOY




EL ORIGEN


 Por Daniela Della Bruna (*)




Traza un círculo,
redondo, acariciante,
cerrado, completo.

Coloca dentro del círculo,
un par de aduladores,
para tu pobre vanidad.

Agrega un cerco,
compra palabras grandes,
pronúncialas.

Aplasta cuadrados,
triángulos y sobre todo
a las esferas.

Quédate con tu círculo,
cerrado, inmune, perfecto,
y sobre todo, unidimensional.

Cuando termines, 
serás, por fin,
el dibujo de un hombre.




(*) Escritora de Esquel. Este poema pertenece al volumen titulado "Tarde de Viento" (Ed. De los Cuatro Vientos, Buenos Aires, 2013).
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miércoles, 24 de julio de 2013

EL POEMA DE HOY



POR LO QUE TENGO


Por Miguel Oyarzábal (*)




Tu pregunta
ese casi mandato
por lo que me falta
duele
golpea duro en el pecho
por no decir adentro.
El ojo izquierdo
busca las luces
y el derecho palpa las sombras.
Los médicos lograron magia.
Lo demás
es el riesgo
de cruzar el puente colgante
sobre el río de la niebla.
Reconozco la música triste
la gravedad en las voces
y el gusto a familia.
Tengo rosas
que llegan suaves
con fragilidad de mujer
y aroma a sexo.
Tengo en la garganta el tacto
y la armonía del vino,
amaneceres en los anteojos
tardes con horizontes
cielos cargados de nubes coloradas
y estoy juntado con la poesía.
Si un día
atravieso ese río a nado,
me va a quedar la memoria,
la novena sinfonía,
la piel de los que vengan,
alguna mujer en el aire
y las palabras.



(*) Escritor de Puerto Madryn.



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lunes, 22 de julio de 2013

EL CUENTO DE HOY



TARDE MÍSTICA


                                                           Por Nadine Alemán (*)

A Eduardo Mango




Todo lo que tenía que hacer era armar la carpa afuera de la Maternidad, meterme y esperar a las embarazadas que salían del recinto.
Hay un hombre aquí afuera en una hermosa carpa con forma de útero. Él obtiene online la foto de la ecografía 4D de su bebé, es una linda idea comprar el llavero con su carita para que los acompañe hasta verlo al nacer recitaba Inés finalizando cada visita. Un verdadero genio, nadie lo hubiese vendido mejor. Y yo afuera, con las pupilas dilatadas de falsa ternura para que por fin se lleven uno, dos o tres.
Fue insostenible la cantidad de embarazadas solitarias y el negocio cayó en picada. Al Euclid me subí a mitad de ese año. Nunca antes había manejado un camión de esas dimensiones. Con una mezcla de miedo y excitación manejé esa bestia de tonelaje proporcional a mi inconciencia. Eduardo me contó varias veces el susto que pasó cuando se paró sobre una piedra a observar el paisaje y la piedra terminó siendo una oveja muerta sobre la que se hundió llenándose de sangre podrida. La oveja que parla, la había bautizado y nos reíamos siempre de la siniestra broma. Tropezamos siempre con la misma piedra; bromeó antes de caer por el conducto de hormigón armado. No creo que alcancemos a llegar a cota segura en el pueblo si a Eduardo se le ocurre abrir paso a la grieta en la represa. Que sus huesos cedieran sería una broma macabra, fiel a su estilo.

Las grandes dimensiones del Euclid y la ignorancia que tuve sobre él durante cuatro años me protegieron de su poder. Nunca supe si atropellé a alguien cuando estacionaba en reversa para descargar la roca. Mi única desaparición se cierra en el recuerdo de Eduardo. El resto era todo divertido. Como esa vez que decidimos hacer una carrera de vehículos disfrazados de animales. Qué increíblemente interesante es la tolerancia de una gran empresa intentando mantener contentos a sus empleados. El mejor fue el jeep Ika disfrazado de chinche del molle. No habremos sido más de nueve y yo me lucí con mi Euclid mamut diseñado por Yoshimitsu. Él sigue escondido del gobierno japonés cultivando flores dentro de las turbinas que se robó.
La magnificencia vuelve loca a la gente. Ingenieros elevadísimos jugando como niños entre las piedras, ascetas de pelo largo sumidos en cálculos matemáticos, hindúes ebrios hasta la madrugada soportando el frío austral como sus tripas jamás lo imaginaron.
Yo pinté botellas para que se llevaran los que se volvieran a sus lugares de origen. Me fueron devueltas varias por correo, con notas náufragas de compañeros que no querían ser encontrados. El juicio a Naroto Sokohisi por dejar acéfala la presidencia de Mitsubishi Motors nos trajo algunos miembros de la Yakuza para encontrarlo, ellos tampoco se quisieron volver a su lugar. Hiro Yoshimitsu es el único que todavía se excusa por Internet diciendo que el aceite de las viejas turbinas le ha permitido cultivar la única flor Set ––Gun ––To en el mundo, de un color que solo el florista Miu lograba para la emperatriz Naíto en el siglo lll, que por supuesto el aire de la Patagonia permitió crecer como corresponde y que esto le permite ser inmensamente feliz. Envolviéndose en cierta  espiritualidad patriótica la gente suele justificar su lejanía.

Algunos partieron con su mochila hacia el bosque. Zapatos Ferragamo y carísimas corbatas Ted Lapidus solían flotar reveladoras en los brazos de los lagos hasta mediados de los años  ochenta. Mujeres provenientes de diferentes destinos buscaron a estos insospechados eremitas. Muchos acreedores también. Pero eso de ser tragado por la libertad es corriente aquí. Yo nunca quise hacerme a esa vida, más bien extrañaba la carpa afuera de la Maternidad y las reuniones con Inés para repartirnos el dinero de los llaveritos.

El Euclid me abandonó dos meses y el Terex tenía menos potencia aunque soportaba más carga. Cuando volví al Euclid me  regocijé en sus frenos a contrapedal (como creí que se llamaban durante tanto tiempo).
Artasu Imo ha expuesto sus muebles en la galería Oruki en el centro de Nara, si supieran que yo mismo le ayudé a cortar las cuatro pulgadas y media de acero de las cajas de los camiones Wabco para confeccionar mesas y bibliotecas. Creo que me correspondería algo de los setecientos mil dólares que le pa garon por el mobiliario para bebé que diseñó con las fotos que a me sobraron. Pero todos ellos no han hecho más que huir. Será porque lo único que no es piedra en este gran paredón es cemento y lo que no es cemento, es Eduardo atajando cuatro mil metros cúbicos de agua todos los días desde hace treinta y seis años. Esta casa frente a la grieta es realmente excepcional. Quien lo diría, Jean Michel Jarré, Hillary Clinton y Noam Chomsky meando en un inodoro tallado por mí.

En estos años encontré infinidad de ovejas que parlan resecas, sepultadas bajo la ceniza del volcán. Hice el camino que el Euclid con su gran tracción y yo decidimos en el bosque. Inés y Florencia bordaron con azurita y malaquita cortinas y alfombras para nuestra casa.
No puedo creer cómo la gente se ha ido al pueblo dejando huérfanos los salientes huesos de hierro de lo que fueron las lujosas instalaciones de la empresa constructora. Cómo han huido todos de este paraíso de piedra, potencia, muerte y agua. No lo perdono, eso que no lo perdono. Y mucho menos a los hijos del sol naciente que desde hace tanto me observan desde la montaña, a salvo, con los ojos agrandados de olvidar, ahogados de bosque mientras la grieta que parla sigue ahí.

Es solo cuestión de tomar el antiguo mojón de hierro y dirigirme hacia ella.


(*) Escritora chubutense. De su libro “El cura y la sucia”.
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martes, 16 de julio de 2013

EL POEMA DE HOY





PASAJERO DEL VIENTO


Por Gladis Naranjo (*)




  Médano peregrino caminante de rocas
que al pasar de los años te forjaron entero.
Hoy renuevas tu estirpe de eterno pasajero
del viento y de un destino de sal y de gaviotas.

  Mansamente dormido si la brisa te toca
abrazas la distancia. Quebrantado viajero
sin raíces ni tiempo vas labrando un sendero
que agoniza en el agua taraceando las gotas.

  Siempre buscando orillas codicioso de calma,
sorbiendo el sol de enero con feroz apetencia,
recalas junto al faro que ampara tu tristeza:

  compañeros de bruma, centinelas del alba.
Detenido en silencio, empapado de ausencias,
soñando, y en tus sueños, anhelando tibiezas.




 (*) Escritora nacida en Neuquen.
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viernes, 12 de julio de 2013

LA NOTA DE HOY



METALITERATURA PATAGÓNICA

Por Jorge Eduardo Lenard Vives



   Hablar de la Literatura Patagónica es tarea titánica, pues son muchas las obras y los autores que la conforman. Sin embargo, explayarse respecto a la Metaliteratura regional, es decir, acerca de los libros que hablan sobre los libros patagónicos, lamentablemente, no es tan difícil. Porque son pocos. Desde estas mismas páginas se repitió que uno de los problemas que enfrenta la creación austral es la falta de comentaristas, de exégetas se dijo alguna vez; cuya tarea permita difundir la riqueza del arte de la palabra en el sur.

   Uno de los primeros trabajos que se conocen al respecto, es el artículo que Leonor María Piñero publicó en el número de agosto / septiembre de 1963 de la revista Argentina Austral, con el título “Ensayo de historia literaria patagónica”. La escritora fueguina, de Río Grande para más datos, traza un panorama de las letras de la zona; sucinto pero a la vez profundo y documentado. De su nota pueden rescatarse varios aspectos que marcan el análisis literario meridional. Uno de ellos es su división en cuatro épocas, un concepto que aun hoy puede servir para desarrollar la cuestión. Llama a esas etapas “de grupos autóctonos”, “de descubrimientos” (cronistas extranjeros), “de organización” (cronistas argentinos) y “de evolución” (escritores patagónicos nativos y arraigados). Cabe señalar que Argentina Austral publicó varios artículos más en relación con la bibliografía patagónica, como los de Germán Burkardt y Julián Pedrero (*).

   También incursiona en el estudio de la escritura regional el ushuaiense Horacio Caletti; aunque lo hace sólo sobre su provincia de adopción. En “La literatura de Tierra del Fuego”, describe en forma detallada el desarrollo de las letras locales; desde las leyendas de los pueblos originarios hasta las obras publicadas en 1975, año de edición de su libro. Desde sus primeras páginas, Caletti destaca la llamativa abundancia de la producción cultural de la comarca. En el capítulo “La tierra maldita”, dedica especial atención a las manifestaciones literarias surgidas a la sombra de los dos penales que hubo en la zona: el de la Isla de los Estados y el de Ushuaia.

   No hay muchos otros ejemplos de ensayos sobre el tema escritos desde el mismo Mediodía. Aunque, a decir verdad, tampoco los hay a nivel nacional. Así como la Literatura Patagónica no parece interesar a quienes hacen antologías de Literatura Argentina, con algunas salvedades, tampoco inquieta a los que escriben tratados sobre ella. Excepciones, que confirman la regla, las hay. Por ejemplo, el enjundioso trabajo “Historia del Teatro Argentino”, dirigido por Osvaldo Pellettieri; que incluye el examen de la dramaturgia en las provincias patagónicas.

   La obra “Pasión y suma de la expresión argentina”, de Juan Pinto, es otra excepción, que indaga en la problemática de la “Literatura, cultura, región”, como indica su subtítulo. Hace amplia referencia a la Patagonia. Una de sus primeras conclusiones es que la cultura de la zona se vigorizó cuando los ex territorios formaron sus gobiernos provinciales, en 1958. Además de presentar una interesante bibliografía de las décadas del 40 y 50, reconoce el importante papel de Leonor María Piñero como analista de las letras sureñas (y nos regala el dato que una extensa conferencia de la escritora, con el título “Ensayo de antología literaria patagónica”, fue publicada en el Diario Jornada de Trelew los días 16, 17 y 18 de septiembre de 1963). Como suma de la novelística sureña, menciona a “Lago Argentino”, de Juan Goyanarte.

   Por su parte, Samuel Tarnopolsky orienta su ensayo “Indios pampas y conquistadores del desierto en la novela”, al tratamiento de la narrativa de ficción. Incluye allí numerosas obras patagónicas; especialmente en el capítulo “Después de las campañas: sus huellas”. Tarnopolsky recurre al procedimiento de transcribir algunos textos de los volúmenes estudiados; agregando los correspondientes comentarios. Dado que fue publicado en 1995, su material bibliográfico está más actualizado respecto al de los otros autores citados.

   Navegando la red, pueden encontrarse varios artículos, conferencias y monografías que tratan la materia. Muchos de esos documentos, dado el alcance específico propio de la investigación académica, se circunscriben a determinados autores, generalmente los más conocidos; y a veces manifiestan ciertas posturas sesgadas. Tal vez no alcanzan a reflejar la exuberancia de la creación regional. Sin dudas, resulta necesario profundizar el estudio de la Metaliteratura patagónica; y, de esa manera, hallar la “metafísica” de las letras sureñas – concepto acuñado por el escritor santacruceño Juan Roldán – que finalmente confirme la identidad de nuestra Literatura.



(*) Ver en este blog  la nota “Argentina Austral y la Literatura Patagónica” del 10 de marzo de 2008.

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domingo, 7 de julio de 2013

EL POEMA DE HOY



LLUVIA EN LA CUENCA

 

Por Aurelio Salesky Ulibarri (*)




Toda la noche estuvo lloviendo
sobre la cuenca del Golfo San Jorge...
Me despertaron los chaparrones
Cuando arreciaban,
y a la mañana,
aun recubiertos de nubarrones los horizontes
y opaco el cielo,
todo el paisaje se mostró limpio,
un refrescante olor a tierra
como un saludo desprendió el campo,
y entre las frondas de unos pinares,
únicos guardianes de una plazuela,
oí el gorjeo de una avecilla, grácil, contenta.


Toda la noche estuvo lloviendo
sobre la cuenca del Golfo San Jorge...
El golpeteo sobre mi techo
más sosegado tornó mi sueño,
y esa mañana,
cuando aún dormidas yacían las brisas,
sobre las tenues y húmedas hojuelas
de los arbustos se sostenían,
muy relucientes y pequeñuelas,
fértil tesoro de aguadas perlas.


Toda la noche estuvo lloviendo
sobre la cuenca del Golfo San Jorge...
¡Cuánta tibieza entre las sombras
tenía mi lecho!
Y a la mañana,
sobre los montes que caen abruptos
hacia las costas de la caleta,
algunas nubes se desplazaban
rozando apenas las grises cuestas.


Toda la noche estuvo lloviendo
sobre la cuenca del Golfo San Jorge...
¡Rumor bendito sobre un tejado!
¡Dulce goteo sobre los campos!



(*) Escritor chubutense, nacido en cercanías de Dolavon.



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miércoles, 3 de julio de 2013

EL POEMA DE HOY



                   GRAN SALITRAL DEL GUALICHO


          Por Ramón Minieri (*)




Cuarenta leguas de cristal
un mar
antiguo
cifrado
por milenios de alambique


refulge el salitral
el relicario


sin sombra
sin un río
puberal
ni promesa ni descuido.


Aquí
la única palabra
es el viento


y cuando el viento proclama
un jubileo
de lluvia
es un momento


víspera del barranco
del derrumbe
que hace aflorar
un dinosaurio en ancas

y el cielo se lo monta.


(*) Escritor de Río Colorado.






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