google5b980c9aeebc919d.html

domingo, 12 de febrero de 2017

LA NOTA DE HOY




TIR PENTRE

Por Jorge Eduardo Lenard Vives



Súbitos oasis de inesperado verdor tajeando la meseta, los valles de los ríos Negro y Chubut sorprenden al viajero que ve interrumpirse la monocroma llanura con un fulgor de edén. Cuentan que tiempo atrás adornaban las riberas algunas delgadas líneas de sauces criollos; pero en su mayor parte, los grandes cursos fluviales sureños discurrían entre sus incólumes márgenes atravesando estepas y baldíos. Todo era esperanza de futuro vergel. Eran promesas la tierra apta para la agricultura y el agua cercana; pero el augurio no se hizo realidad hasta que la inteligencia y la mano del ser humano desbrozaron la grava y trazaron los canales y las zanjas, que llevaron la savia vital a su fértil comunión con los eriales que la rodeaban.

Uno de esos promisorios lugares era la zona del Valle Medio del Río Negro, que había comenzado a ser poblada por criollos e inmigrantes hacia fines del siglo XIX. Se intentaba el cultivo de secano, sin obtenerse los beneficios esperados. Fue así que en 1902 el gobernador del territorio rionegrino, Eugenio Tello, promovió la instalación en la Isla Grande de Choele Choel de un contingente de galeses provenientes del Chubut; mediante una donación de tierras. Además contrató a Edward Owen "Maes Llaned", oriundo de Drofa Dulog, para que repitiese allí el milagro logrado años atrás por Raquel y Aaron Jenkins.

En septiembre de 1902 llegaron a la zona cerca de setenta colonos chubutenses, algunos con sus familias. Al año siguiente, Owen comenzó las obras de riego; que incluían una boca toma, los canales y otras construcciones anexas. Como resultado de las tareas, el 24 de setiembre de 1903 se inauguró el “Canal de los Galeses”; fecha recordada anualmente en la comarca con la Fiesta Provincial de los Canales de Riego. Con el tiempo se realizaron nuevos trabajos para complementar los iniciales. Pero esa es otra historia; pues esta nota ahora se interna en la crónica del cuarto asentamiento creado por la Colonia Galesa de la Patagonia, la localidad hoy conocida como Luis Beltrán.

Al establecer la colonia rionegrina se destinaron cien hectáreas para el núcleo urbano. Las eligió Mauricio Hughes, quien seleccionó la chacra 22 de la sección II. Al parecer lo hizo por su altura, que la protegía de las habituales crecientes. El espacio pasó a conocerse como “Chacra de la Reserva”; y el pueblo fue llamado “Tir Pentre”, “Villa Galense” e incluso, sólo “Galense”. El término galés “Pentre”, literalmente “cabeza de pueblo”, se usa de manera habitual para designar un caserío. Fue empleado también en los inicios de Gaiman, con el agregado del vocablo “sydyn” (“Pentre Sydyn”); lo que le da el significado de “aldea repentina”.

Hacia 1910 en el sitio había algunas edificaciones menores y un “salón con techo de chapas de zinc”; que, como no podía ser de otra manera en un poblado fundado por los hijos de Gales, era una capilla - aunque también servía para usos múltiples. El 30 de noviembre de 1911, por un decreto del presidente Roque Sáenz Peña, se designa un agrimensor para proceder “al trazado de las manzanas y subdivisión en solares, del lote 22, sección II de la Colonia Choele Choel… que se denominara ‘Luis Beltrán’”. Esa fecha se toma como la fecha de fundación. De a poco el villorrio se transformó en la ciudad que es hoy; tan distinta a lo que fueron sus humildes inicios. Pero los beltranenses, orgullosos de su tradición, no olvidan sus raíces; y plasmaron ese legado en el escudo municipal, donde figura, dominante en el abismo, el rojo dragón rampante.

Hasta ahí el relato sobre otra de esas combinaciones de colonos galeses, tierras de cultivo y sistemas de regadío, que llevó el progreso a varios sitios de una región en ese momento agreste. Pero como este blog se dedica a la Literatura, no puede dejar de mencionarse el reflejo en las letras de esta nueva gesta colonizadora. Entre otras obras que tocaron el tema, deben citarse “Los galeses en el Río Negro”, de Emma Nozzi y Silvia Edelstein de Itzkow; y “De Villa Galense a Luis Beltrán: la incorporación de un pueblo al Estado Nacional”, de Mónica Silva.

Por su parte, Dora Noemí Martínez de Gorla escribió dos libros sobre el tema: “El inicio de una nueva etapa en la colonización del riego: Choele Choel, Conesa, Frías y valle inferior del río Negro: 1947-1955”; y “La colonización del riego en las zonas tributarias de los ríos Negro, Neuquén, Limay y Colorado”. En este último trabajo, figura un párrafo que recuerda que “… junto a la acción del gobierno estaba la pujanza del trabajo pionero, encarnado en esta oportunidad por el ingeniero Owen y sus galeses, quienes se perpetuarían en la historia de la Isla Grande de Choele Choel, como los grandes constructores de canales, cuyas obras fueron las únicas, que por muchos años sirvieron a la irrigación de las parcelas agrícolas…

De la misma forma en que el chacarero desparrama la semilla sobre los surcos, desde la Colonia Galesa del Valle del Chubut se arrojó la simiente que permitió que germinasen nuevos establecimientos en diversos lugares del país. El agua fue sin dudas uno de los factores clave. Donde no había, la llevaron a fuerza de pala y pico. Por eso se puede decir que otras de las causas que permitieron florecer a estos enclaves, fueron el esfuerzo, la laboriosidad, el sacrificio, la voluntad… Es decir, todas aquellas actitudes que llevan a la humanidad, por un lento y dificultoso camino, hacia un futuro mejor.





Nota: el autor quiere agradecer a Verónica Halliday de Ferrari sus aportes sobre la bibliografía para el artículo. También a Fabio González, por su precisa información sobre los inicios de Gaiman y los conceptos sobre el idioma galés.

No hay comentarios: