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lunes, 6 de diciembre de 2010

EL POEMA DE HOY






Marea baja




Por Jorge Alberto Baudés (*)



Entre lodazales de grava y denso limo
la oscura silueta de un navío descansa de atormentados sueños.
Mudas esquirlas de espuma salobre aferran su casco,
testigos del duelo entre un mar profundo hendido por filosa quilla.

Lejos quedó en la inmensidad,
espejada apenas de luna creciente,
trepada al obenque en vela rastrera, valentía de hombres,
afirmando gavias con calabacines, tensores y jarcias.

Del avezado marino ya es su tiempo.
En solitaria espera, abreva la noche entre cómplices ginebras,
mientras ensaya imaginaria el grumete en la cubierta
atisbando posible zozobra del viejo pesquero.

En tanto,
ajena a pasadas furias de viento insolente y osadas maniobras
duerme la bodega quiméricos sueños
de implacables redes, de plateados dijes,
nuevamente llenas.






(*) Escritor chubutense. Este poema fue “Mención Especial” de la Corona del Poeta en el Eisteddfod del año 2006



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viernes, 3 de diciembre de 2010

LA NOTA DE HOY




VIENTO




Por Jorge Eduardo Lenard Vives





Defendía hace un tiempo la realidad de ese ente esquivo llamado “Literatura Patagónica”, cuando fui objeto de la siguiente observación: ¿cómo hablar de tal variante literaria, cuando ni siquiera puede afirmarse, a ciencia cierta, que exista una región llamada “Patagonia”? Porque, continuó el escéptico, ¿qué tienen en común, por ejemplo, un habitante de Tierra del Fuego con un neuquino? La curiosidad ante lo obvio incentiva la investigación; por ello, el tema despertó mi interés. ¿Qué reúne a las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, más allá de la historia compartida, su continuidad geográfica y similares recursos económicos? ¿Qué las une, allende los variados fundamentos esgrimidos por numerosos estudiosos para agruparlas en el mismo espacio conceptual?

Sin dudas, el viento; ese espíritu austral que, así como la “vis plástica” de Avicena modelaba a su capricho formas de vegetales y animales en la naturaleza, cincela el paisaje del territorio…. y la personalidad de quienes lo habitan. Como todo espíritu es etéreo, nada más que aire; pero un aire libre, indómito, desbocado, con una impetuosidad vigorosa que a veces refleja la Literatura.


Entre enero y febrero de 1937, Roberto Arlt viaja al sur argentino y describe sus experiencias en una serie de notas publicadas, con el título de “Aguafuertes Patagónicas”, por el diario “El mundo”. Entre esos artículos, reeditados pocos años atrás (1), figura uno llamado “En la tierra del viento”. Refiriéndose a la provincia del Neuquén, dice Arlt: “Todo aquí está sometido al imperio del viento, que sopla, aúlla, se queja y brama, dando en pleno verano la sensación del invierno”. Como para demostrar la omnipresencia de la singularidad climática en toda la región, Gregorio Mediavilla escribe, a principios de los cincuenta, su “Viento Sur”; que narra las aventuras del gaucho Sepúlveda, nacido en las Llanuras de Diana. Al finalizar la obra, sintetiza Mediavilla: “Cuando en las noches de invierno un triste silbido te despierte, tal vez recuerdes a los caminantes que azota el aguacero, a los que navegan envueltos en tinieblas, a los vencidos que buscan como albergue el umbral de tu puerta, y al mirar los cristales de la ventana, golpeados por la lluvia que empuja el vendaval, susurras con la emoción de un rezo: ¡Viento Sur!”.


Al sur, al norte… ¿y en la Patagonia central? Dos escritores chubutenses, entre otros muchos, recuerdan que, remedando a Arlt, esa zona bien pudiera llamarse “el reino del viento”. Asencio Abeijón, en el relato “Viajando de cara al ventarrón”, de “Apuntes de un carrero patagónico”, narra: “La puesta del sol, con su horizonte oeste rojo, fue un seguro presagio de mal tiempo para los carreros (…) Una hora más tarde, el vendaval ha adquirido toda la violencia ruidosa que le ha valido la justa fama de infernal”. Por su lado, Hugo Covaro le dedicó la obra “Memorias del viento”, espléndidamente ilustrada por Khato; donde se encuentran continuas referencias al ubicuo fenómeno: “Yo voy al viento, y desde el viento vengo, a contar sus memorias, a nombrar a los hombres de la tierra que habito”.


Tiene, por supuesto, un lugar en la poesía. Mario Cabezas lo menciona en su poema “Viento patagónico”, del libro “Remolinos”: “Ay ventarrones, mi arraigo / tiembla con el temporal / brisas con sueños de furia / cierzos que son huracán. / Ay ventolera…”. En tanto, la fueguina Alba Chamán habla de él en “El viento de Río Grande”, de su obra “Ley 3.218”: “El calendario dice: con vientos, sin vientos. / Lo importante aquí, es si sopla viento. / Sin viento quiere decir que los yuyales / se inclinan hasta tocar el suelo. / Con viento quiere decir que hasta las torres / de petróleo parecen inclinarse”. También es mentado por el padre Raúl Entraigas en los versos de “Viento…“, del poemario “Patagonia. Región de la aurora“: “Rapsodia salvaje de tierras bravías / Préstame el acento de tus melodías / Para que yo entone también mi canción. / Quién creció arrullado por esos silbidos / Lleva a flor del alma, trocada en gemidos, / Como puñalada, tu lamentación”.


Cruzando raudamente la meseta por una ruta asfaltada, protegidos tras los vidrios de un vehículo “cuatro por cuatro”, o viviendo al cobijo de ciudades cuyos edificios atemperan su furia, para muchos el viento parece ser sólo una palabra. Pero para el trabajador rural que a caballo recorre el campo o junta la hacienda, para el petrolero que lucha con los caños en la boca del pozo, para el marino que se hace al mar en los barquitos amarillos, es una realidad cotidiana. Por ello resulta lógico que se refleje en las creaciones de los artistas abiertos al influjo del medio que los rodea.




(1) “En el país del viento”. Roberto Arlt. Editorial Simurg, Bs As, 1997. Prólogo de Sylvia Saítta


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martes, 30 de noviembre de 2010

EL RELATO DE HOY




PROHIBIDO


Por Ada Ortiz Ochoa (*)





La tarde a la hora de la siesta con tiempo disponible, me da la libertad necesaria.
Silenciosa como es mi costumbre, me encamino al encuentro con él.
Cumplo con todos los ritos previos al placer, mejor dicho, me dejo llevar por el hábito de hacerlo...siempre preparada para esta cita a la que me siento obligada.
Muchas veces intenté dejarlo, es dañino para mí.
Personas sensatas me previnieron en contra de él.
No hubo caso, a nadie quise escuchar.
Sacudo la cabeza, resignada, aceptando con una sonrisa este fatalismo y elijo para el excitante momento, un lugar en la semipenumbra.
Él y yo. Juntos.
Como un anticipo, siento en mi mano el calor de él.
El deleite fue sin igual y se prolongó durante un largo tiempo. Ya totalmente sometida, rememoré ¿cuántos años tenía cuando furtivamente me encontré con él, por primera vez a solas?
Porque había sido precoz.
Aprendí a gustarlo golosamente a la edad de ocho años. Espiaba los movimientos de mis padres y hermanos.
Hasta de mi abuela me cuidé. Fui astuta y nunca me sorprendieron.
Me encantó disfrutar de lo prohibido.
Sonrío. Ahora con muchos años a cuesta y con hijos casados... me he quedado sola.
Pero la presencia cálida de él, estuvo y está permanente, para hacerme menos duros los inviernos y más frescos los veranos, aunque nuestros encuentros sean esporádicos y fugaces.
Ahora, si la vejez me doblegara, seguiría siempre acudiendo a él.
Respondiendo a su llamado. Buscando el placer del mate.



(*) Escritora de Sierra Grande.



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jueves, 25 de noviembre de 2010

EL POEMA DE HOY




GWYNETH (La Pionera)



de María Julia Alemán de Brand (*)



Mujer, la del Sur, tallada a viento
y sombra inseparable del pionero…
(su paso vigoroso fue el primero
el tuyo lo siguió, firme y contento…)

Dormiste a campo raso, en campamento
cocinando en fogón, como un tropero,
tu reloj –alba y noche- fue el lucero,
el comienzo y el fin del diario aliento.

Acallaste tu miedo muchas veces
con un rifle en la mano temblorosa
y el fervor anhelante de tus preces…

Pionera, la de casta valerosa
compañera de triunfos y reveses…
Oh mujer de mi sur, acero y rosa!


(*) Escritora chubutense. Tomado de su poemario “Soy poesía, búscame en el sur”






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domingo, 21 de noviembre de 2010

LA NOTA DE HOY



ENCUENTRO

Por Olga E. Cuenca




Estaba sola. Como en lejanía bullía el televisor. Tenía muchos planes en mente, intentaba hacer lugar para cada uno de ellos.
Su aparición imprevista no me sacudió. Ni un escalofrío recorrió el cuerpo. Fue un encuentro sereno. Estaba allí, entre los cortinados rojos, mirándome. Mis ojos se fijaron en ella, pero no apareció la silueta. No era ese el motivo de mi curiosidad. Me dejé llevar por sus palabras de tal manera que no podría decirte cómo lucía o cuál era su porte. Parecía tener prisa por contarme muchas cosas, pero su relato prolijamente volcado hacia mi diestra abundaba en detalles.
15 años cumplidos hace pocos meses. El festejo fue en casa de sus padres. Ella hubiera querido un peinado lacio, no los horribles tirabuzones que la dejaron tan fuera de la moda. La fiesta, a pesar de ese detalle y de la vigilancia continua de los mayores que cada tanto se daban una vuelta por el garaje, a la sazón sala de fiesta, para encender las luces que algunos apagaban, fue hermosa. Hubo invitados sorpresa y autoinvitados. Muchas canastas con flores y artículos de perfumería. Asistieron la abuela, los tíos, los padrinos, los vecinos. Bailó el vals con su papá en el comedor principal donde se reunieron los adultos. El corazón le latió muy rápido al leer la dedicatoria de algunas tarjetas. Los huesos repiquetearon contra la piel de todo el cuerpo cuando se le acercó el jovencito que ocupaba sus sueños.
Me encantaba el relato. No podía dejar de prestarle atención. La niña tenía necesidad de decir más. Una tímida urgencia por mostrarse desde adentro. Hablar de sus estados de ánimo. El de hoy de dicha (a mí me la ha contagiado), el de otros días penosos, en los que buscó la soledad de un rincón para llorar sin ser vista, para mirar un horizonte inexistente mimetizándose en él y despertar luego como si hubiera atravesado un largo sueño. Aquellos otros instantes cuando el mundo apareció enorme, litigante, injusto en muchos tramos y ella se sintió tan pequeña y apocada, sin ese toque, sin esa chispa que a otros "le sale" tan naturalmente.
Difícil resulta imaginarla callada como se define, siendo que llueve sobre mí su verborragia.
(Un destello de oro atraviesa el campo de mi observación. Son las esclavas, las 15 pulseras que ahora van unidas con una cadenita y medalla- regalo de papá y de mamá).
Me contó había nacido un día lluvioso de invierno en una población pequeña atravesada por una vía ferroviaria y limitada por una larguísima ruta y un río inconstante. No tiene hermanos.
Dejó de lado los datos biográficos y se encendieron sus palabras con ondeantes consonantes y vocales sinuosas: amanecían los sueños: El mundo es otro mundo ahora! La monotonía se escurre tras la rejilla de los 14 años. El tercer año del bachillerato le ha extendido certificado para defender enormes intereses de igualdad, hermandad, justicia, sinceridad ...Asume que el odio emerge a veces pero lo encierra entre paredes calladas y con testarudez se impone anularlo.
Recuerda las lecturas, los libros que no se cansa de leer; los que leerá más adelante porque quiere aprender a expresarse con justeza sin que su léxico se tiña de afectación pues - recalca- de allí a la falsedad no hay más que un charquito. Algún día intentará escribir seriamente, lo que ahora es su escape de muchas horas, la desnudez que teme mostrar a los demás, tal vez más adelante sea un velero más reposado y seguro.
Está de vacaciones. Tiene anécdotas de visitas y de paseos.
(Cuento gotas de celos entre la redondez de sus palabras).
Se mira, me mira! buscando respuesta para su pregunta: soy tan fea? Argumenta: es mi timidez, quizás porque soy demasiado "traga".
No respondo. Ella sigue hablando.
Como desde atrás de un abanico nacarado brota otra confesión: Soy romántica y a ti te lo digo, no me avergüenza soñar con príncipes valientes y bosques encantados y princesas en peligro. No, no me importa, aunque el rostro de esos caballeros andantes no siempre sea el mismo. Es mi dulce inconstancia!
Cuánto tiempo pasó, no lo sé. Mecánicamente mis manos hicieron un inusual gesto de despedida.
Se juntaron los dos paños rojos y las hojas de aquel, Mi diario, se durmieron junto a muchas otras que no escribí. Puse la traba dorada pero no cerré el pequeño candado. Con 56 años vividos, ninguno de aquellos secretos tiene razón de ser.
Hoy me encontré conmigo misma en una franja alterna de tiempo. La niña del 1969 y la mujer del 2010.
Sonreí hasta las lágrimas con el re-encuentro.
Comprobé que en 41 años algunas cosas no han cambiado para mí.
Dejo a los demás juzguen si eso es favorable o no.



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miércoles, 17 de noviembre de 2010

EL CUENTO DE HOY











En la cima del Monte



Por Olga Starzak



El silencio, desde siempre, se había constituido en una parte significativa de mi vida. Este de ahora, aunque diferente porque dominaba de manera voluntaria, me recordaba a aquel que, desde niña, buscaba tan afanosamente.
Sentada en el doble sillón de hierro pintado de blanco, en la galería del que ahora era mi hogar, evocaba –no sin emoción- esos días de mis jóvenes años. No era este un día cualquiera. Era el aniversario del nacimiento de mi madre; el día en que muchos años atrás, con lágrimas en sus ojos me preguntó innumerables veces por qué. Acababa de anunciarle que había decidido ser monja. Si hoy viviera, si pudiera hacerse eco de la paz inmensa que habita en mi alma, las lágrimas ya no serían de desilusión.

Mis primeros años en el convento corroboraron mi vocación. Desde el día en que, frente a cientos de fieles, recibí el escapulario que me acompañaría por siempre, supe que atrás quedaban los afectos familiares, los amigos y el contacto con el mundo material que tanta incidencia tenía sobre la mayoría de los hombres.
Recordé el momento exacto en que, atrapada por una fuerza inexplicable, entregué mi vida a Dios. A ese Dios que hasta entonces sólo había irrumpido en casos de extrema necesidad, o a ese Dios al que de manera rutinaria recurría en mis oraciones aprendidas, aunque no sentidas.
Había sido simplemente así. El llamado a una existencia consagrada al servicio de Cristo. Y no necesité más explicaciones.
Mi vida ya no me pertenecía. En la mente habían quedado las imágenes más preciosas que había querido retener, y el amor que inundaba mi corazón alcanzaba para saciar las más profundas necesidades. Todo lo demás quedaba excluido; también las palabras.
Sin embargo, mi ser -sumido en los más íntimos pensamientos- era con frecuencia empañado por un hecho de mi infancia que, aunque lejano en el tiempo, estaba vívido en mi memoria como era vívida la mano de la Madre estrechando las mías, calmando el dolor que la herida había dejado en mis entrañas.
Ni aún en ese momento pude sentir odio, sólo un sentimiento de absoluta impotencia. Más tarde fue un insistente dolor. Y después una insoportable culpa.
La imagen del horror en el rostro suplicante de mi hermanita permanecía nítida, y la del hombre golpeándola, inalterable.



Mis días en el monasterio eran igualmente bellos. El amanecer, aún crepuscular, me encontraba en responso. Así comenzaba cada día, creado en una atmósfera de soledad y silencio. Las plegarias eran continuas, eternizadas en nuestro corazón. Las cálidas, aunque intencionalmente oscurecidas mañanas, eran consagradas a tareas de rutina. Con los momentos destinados a la alimentación llegaba la bendición de cada bocado que tocaban los labios. Y después, el mudo intercambio con mis colegas, todas mujeres de temple y fortaleza admirables. Era esperado el espacio cotidiano para cultivar la lectura que fortalecía el íntimo vínculo con la Virgen María, la comunión con su persona, la imitación de sus virtudes. Nos acompañaba el ejercicio de la meditación donde percibíamos que la “Madre de Todas” mantenía intacta nuestra energía.

Era en la noche, en la soledad de la celda, donde acudían invariables los ojos de aquel hombre, la violencia en sus manos. Un golpe y otro… Otro. Y otro.
Yo había observado la escena paralizada, sin intervenir, sin -ni siquiera- buscar ayuda. Sin poder moverme desde ese lugar donde permanecí oculta. Muchos minutos después, cuando pude gritar hasta quedar sin aliento, ya era demasiado tarde.

Sólo desaparecía el abatimiento ante la presencia divina protegiéndome. Como quizás ya lo había hecho entonces y no me había dado cuenta, cuando inmerso aún en la ira, el asesino escapó al comprobar que su indefensa víctima había muerto. Por haber frustrado un robo; uno más de los tantos que se consumaban en ese pueblo del sur de Italia ganado por el hambre y la pobreza post-bélica.

La carta episcopal llegó de la mano de un emisario en una de las fiestas marianas de la iglesia. Todas las monjas del claustro esperábamos ansiosas para conocer su contenido. Esta vez seríamos protagonistas de la conmemoración de la virgen en el mismísimo Monte Carmelo. La misión nos envolvía con una alegría renovada.

Fue allí, en la cima del Monte, en el éxtasis de la oración, donde veinte años después, ante la imponente presencia del Señor -en un acto inexplicable- se liberaron las culpas de aquella niña que aún vivía en mí.
Y evoqué por última vez el rostro del mal.





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sábado, 13 de noviembre de 2010

LA NOTA DE HOY





LA VOZ




Por Jorge Eduardo Lenard Vives




Las carreteras patagónicas – algunas vez objeto de las páginas de este blog – conforman un extensa red vial recorrida, a diario, por vehículos a bordo de los cuales se desplazan bulliciosos grupos familiares, delegaciones de todo tipo, pasajeros circunstancialmente unidos por un destino común, transeúntes solitarios, camioneros, viajantes de comercio, individuos en busca de su destino. Pero, ya sea en conjunto o en forma aislada, estos viajeros están permanentemente acompañados por una voz a la vera de la ruta: la radio.
Que no es sólo una voz en el camino. Es, también, una voz en la inmensidad patagónica para el puestero que, en la meseta, enciende su receptor a fin de escuchar los proverbiales “Mensajes al poblador rural”; o simplemente, buscando disipar la melancolía de una tarde de domingo con la audición de un lejano partido de fútbol. Y es la voz que, sobre las olas, lleva una canción o una noticia a los pescadores a bordo de las lanchas de la flota amarilla. Y es, también, la voz que acompaña en las largas noches del invierno austral a las guardias de hospitales y cuarteles; o a los noctámbulos desvelados en espera del sueño o del amanecer, lo que venga primero.
Una presencia tan importante debería reflejarse en las letras patagónicas. Y en parte es así. En un cuento mencionado ya varias veces en este blog – porque su calidad artística lo amerita –, el protagonista, un viajante de comercio, es acompañado a lo largo de su fantástico periplo por las emisoras de los lugares que va recorriendo. Se trata de “Gondwana”, de Jorge Honik. El tono con que se describe la presencia de la radio, un elemento básico para el desarrollo de la trama, está perfectamente logrado: la desaparición paulatina de la emisión radial en medio de interferencias y frituras, la súbita aparición de una nueva onda con un mensaje inesperado, la transmisión de una carrera de “turismo carretera” al viejo estilo... Incluso irrumpe en la señal radiofónica Bebedel, saurio gigante del cretácico, para narrar su historia a Abel Proteus, bípedo, humano, actor principal del relato.
En otros cuentos patagónicos también se menciona la presencia de la radiodifusión en las regiones sureñas. “Un testamento”, de Elías Chucair, de su volumen “Cuentos y relatos”, se inicia con un mensaje del servicio radial de comunicados para el poblador rural; aunque, a diferencia de la canción de Hugo Giménez Agüero, “No me abandones ahora”, el mensaje no es auspicioso sino luctuoso. En “Relinchos”, de “Pequeñas historias del frío”, un personaje de Hugo Covaro arriba a un puesto fronterizo cuando los gendarmes están escuchando, por radio, una pelea en el Luna Park, en la lejana ciudad de Buenos Aires; que los acerca a la también distante región mesopotámica, de donde son, aparentemente, originarios. Uno de los “17 simples cuentos” de Nadine Aleman, “Rogelio y las piedras”, muestra como, a través de la radio, los aislados pobladores de una casa en la cordillera se mantienen al tanto de las novedades de la ciudad; noticias que, en este caso, los afectan más de lo que imaginan.
A veces, la Literatura homenajea a la radio, como en el caso de la poesía que el escritor comodorense Alfredo Lama dedicó al desaparecido locutor y folklorista Aníbal Forcada:

Transformada en líricas vocales desde un surco sideral se desprendía, labrador de la noche patagónica, tu semblanza de esta tierra dolorida.

¿Cuál es el motivo para que la radiodifusión y la Literatura conjuguen tan bien? Tal vez sea porque la radio muestra una similitud básica con el libro, que los hermana en la magia: dejan al oyente y al lector la posibilidad de usar la imaginación para representarse mentalmente lo que les llega por su intermedio. Por eso, pese a convivir en un ambiente atiborrado de imágenes, tanto la radio como el libro tienen un brillante porvenir.




Nota del autor: este artículo está dedicado a Silvia Panomarenko, Adriana Ortigoza, Roberto Suárez, Fernando Asciutto, Mario Irazú y Felipe Alarcón, mis amigos de la radio. Y al amigo y tocayo Jorge Robert, quien con su permanente evocación del papel de la radiodifusión patagónica, también inspiró esta nota.



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LA NOTA DE HOY





LA VOZ




Por Jorge Eduardo Lenard Vives




Las carreteras patagónicas – algunas vez objeto de las páginas de este blog – conforman un extensa red vial recorrida, a diario, por vehículos a bordo de los cuales se desplazan bulliciosos grupos familiares, delegaciones de todo tipo, pasajeros circunstancialmente unidos por un destino común, transeúntes solitarios, camioneros, viajantes de comercio, individuos en busca de su destino. Pero, ya sea en conjunto o en forma aislada, estos viajeros están permanentemente acompañados por una voz a la vera de la ruta: la radio.
Que no es sólo una voz en el camino. Es, también, una voz en la inmensidad patagónica para el puestero que, en la meseta, enciende su receptor a fin de escuchar los proverbiales “Mensajes al poblador rural”; o simplemente, buscando disipar la melancolía de una tarde de domingo con la audición de un lejano partido de fútbol. Y es la voz que, sobre las olas, lleva una canción o una noticia a los pescadores a bordo de las lanchas de la flota amarilla. Y es, también, la voz que acompaña en las largas noches del invierno austral a las guardias de hospitales y cuarteles; o a los noctámbulos desvelados en espera del sueño o del amanecer, lo que venga primero.
Una presencia tan importante debería reflejarse en las letras patagónicas. Y en parte es así. En un cuento mencionado ya varias veces en este blog – porque su calidad artística lo amerita –, el protagonista, un viajante de comercio, es acompañado a lo largo de su fantástico periplo por las emisoras de los lugares que va recorriendo. Se trata de “Gondwana”, de Jorge Honik. El tono con que se describe la presencia de la radio, un elemento básico para el desarrollo de la trama, está perfectamente logrado: la desaparición paulatina de la emisión radial en medio de interferencias y frituras, la súbita aparición de una nueva onda con un mensaje inesperado, la transmisión de una carrera de “turismo carretera” al viejo estilo... Incluso irrumpe en la señal radiofónica Bebedel, saurio gigante del cretácico, para narrar su historia a Abel Proteus, bípedo, humano, actor principal del relato.
En otros cuentos patagónicos también se menciona la presencia de la radiodifusión en las regiones sureñas. “Un testamento”, de Elías Chucair, de su volumen “Cuentos y relatos”, se inicia con un mensaje del servicio radial de comunicados para el poblador rural; aunque, a diferencia de la canción de Hugo Giménez Agüero, “No me abandones ahora”, el mensaje no es auspicioso sino luctuoso. En “Relinchos”, de “Pequeñas historias del frío”, un personaje de Hugo Covaro arriba a un puesto fronterizo cuando los gendarmes están escuchando, por radio, una pelea en el Luna Park, en la lejana ciudad de Buenos Aires; que los acerca a la también distante región mesopotámica, de donde son, aparentemente, originarios. Uno de los “17 simples cuentos” de Nadine Aleman, “Rogelio y las piedras”, muestra como, a través de la radio, los aislados pobladores de una casa en la cordillera se mantienen al tanto de las novedades de la ciudad; noticias que, en este caso, los afectan más de lo que imaginan.
A veces, la Literatura homenajea a la radio, como en el caso de la poesía que el escritor comodorense Alfredo Lama dedicó al desaparecido locutor y folklorista Aníbal Forcada:

Transformada en líricas vocales desde un surco sideral se desprendía, labrador de la noche patagónica, tu semblanza de esta tierra dolorida.

¿Cuál es el motivo para que la radiodifusión y la Literatura conjuguen tan bien? Tal vez sea porque la radio muestra una similitud básica con el libro, que los hermana en la magia: dejan al oyente y al lector la posibilidad de usar la imaginación para representarse mentalmente lo que les llega por su intermedio. Por eso, pese a convivir en un ambiente atiborrado de imágenes, tanto la radio como el libro tienen un brillante porvenir.




Nota del autor: este artículo está dedicado a Silvia Panomarenko, Adriana Ortigoza, Roberto Suárez, Fernando Asciutto, Mario Irazú y Felipe Alarcón, mis amigos de la radio. Y al amigo y tocayo Jorge Robert, quien con su permanente evocación del papel de la radiodifusión patagónica, también inspiró esta nota.



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martes, 9 de noviembre de 2010

EL MICRORRELATO DE HOY


AMOR


Por Enrique Martínez Llenas



Fue conminado a explicarse.

Y entonces, el hombre habló:

La respetaba, por haberse hecho valer como mujer, por no haber tolerado ni una sola vez el abuso sobre su persona.

La consideraba como su igual, por su inteligencia y su equilibrio.

La cuidaba como algo valioso, irremplazable; atendía a sus necesidades, preparaba sus comidas con deleite; trataba de satisfacer, sin que se lo pidiera expresamente, sus pequeños caprichos.

La reñía, casi siempre jocosamente, por sus olvidos y despistes.

La disfrutaba, jugando y divirtiéndose con su cuerpo sin recibir nunca un rechazo indiferente, sino el recíproco gozo.

La mimaba, como si se tratase de un tímido cachorrito desvalido.

La envidiaba por su serenidad, de la que él mismo carecía; pero esa era una envidia que lo movía a intentar ser mejor.

La amaba…

Por todo eso y mucho, mucho más, cuando el daño en su cerebro y mente fue tan arrollador que dejó de ser ella misma, y en virtud de un viejo pacto tiempo atrás formulado, entre ellos libremente consentido, y que nunca más requirió ser actualizado, la mató.


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EL MICRORRELATO DE HOY


AMOR


Por Enrique Martínez Llenas



Fue conminado a explicarse.

Y entonces, el hombre habló:

La respetaba, por haberse hecho valer como mujer, por no haber tolerado ni una sola vez el abuso sobre su persona.

La consideraba como su igual, por su inteligencia y su equilibrio.

La cuidaba como algo valioso, irremplazable; atendía a sus necesidades, preparaba sus comidas con deleite; trataba de satisfacer, sin que se lo pidiera expresamente, sus pequeños caprichos.

La reñía, casi siempre jocosamente, por sus olvidos y despistes.

La disfrutaba, jugando y divirtiéndose con su cuerpo sin recibir nunca un rechazo indiferente, sino el recíproco gozo.

La mimaba, como si se tratase de un tímido cachorrito desvalido.

La envidiaba por su serenidad, de la que él mismo carecía; pero esa era una envidia que lo movía a intentar ser mejor.

La amaba…

Por todo eso y mucho, mucho más, cuando el daño en su cerebro y mente fue tan arrollador que dejó de ser ella misma, y en virtud de un viejo pacto tiempo atrás formulado, entre ellos libremente consentido, y que nunca más requirió ser actualizado, la mató.


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martes, 2 de noviembre de 2010

EL POEMA DE HOY


El último Pulpero


por Gerardo Robert


Dedicado a la memoria de Cacho Di Catarina, de la Pulpería de Mercedes.






Se fue…medio de golpe.
Tal vez habrá querido no andar perdiendo el tiempo
en esas tonterías de envejecer de a poco.
Total, ya había cumplido el rol maravilloso
que le confió el destino…o que él buscó de adrede,
para dejar su estampa cabal, de gaucho entero,
tan solo distraída en aquellas picardías
de gambetear la 5 con alma de potrero...
Por ay andará el Cacho, como él lo había soñado,
sobre un criollo azulejo de tuse bien prolijo,
emprendado de estrellas y escarceando impaciente,
hasta encontrar de nuevo
el palenque amigable de alguna pulpería .

Ya gastada la noche en la tertulia amena y la caña bermeja,
repuntará sus sueños hacia otras madrugadas tarareando una huella;
Y en un galopo corto, abrazará un lucero igual al de Mercedes
por ese cielo pampa que abrió la gauchería.



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EL POEMA DE HOY


El último Pulpero


por Gerardo Robert


Dedicado a la memoria de Cacho Di Catarina, de la Pulpería de Mercedes.






Se fue…medio de golpe.
Tal vez habrá querido no andar perdiendo el tiempo
en esas tonterías de envejecer de a poco.
Total, ya había cumplido el rol maravilloso
que le confió el destino…o que él buscó de adrede,
para dejar su estampa cabal, de gaucho entero,
tan solo distraída en aquellas picardías
de gambetear la 5 con alma de potrero...
Por ay andará el Cacho, como él lo había soñado,
sobre un criollo azulejo de tuse bien prolijo,
emprendado de estrellas y escarceando impaciente,
hasta encontrar de nuevo
el palenque amigable de alguna pulpería .

Ya gastada la noche en la tertulia amena y la caña bermeja,
repuntará sus sueños hacia otras madrugadas tarareando una huella;
Y en un galopo corto, abrazará un lucero igual al de Mercedes
por ese cielo pampa que abrió la gauchería.



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sábado, 30 de octubre de 2010

EL CUENTO DE HOY





PARAJE LAS ARAÑAS


Por Nadine Aleman (1)





Por favor, sea breve, dijo la científica que ya no daba más de calor en esa zona perdida de la meseta patagónica. Mara le apretó el brazo a su padre, trató así de convencerlo. No soportaba ya que siguiera hablando locuras. Sin obtener resultado alguno, la niña optó por desautorizar el relato clavándole la mirada a la joven que la ignoró decididamente.
El padre de Mara, exasperado, pretendía convencer a la científica de que eso que había traído, y que estaba ahora sobre el escritorio, era, efectivamente, una mano de alguien, que por magia de la machi* se había convertido en una araña y que había paseado por el pueblo, aterradora y mortífera, hasta que él la había encontrado en el campo.
El rebote de miradas era de una tensión tal que los tres se olvidaron, por varios segundos, del calor agobiante que insertaba más rareza en ese lugar, y en esa época del año, y que por momentos había servido de argumento para que el padre avanzara en sus explicaciones del caso de la mano- araña.
Mara no soportó más, ni el relato del padre, ni el calor, ni la soberbia de la científica y se fue a su casa, levantando tierra, como se hace cuando uno está enojado y no tiene con quien pelear.
A lo lejos, la suave brisa traía la voz del padre de Mara, que insistía e insistía. Hasta que el viento cambió su sentido y se ahogaron las declaraciones, y también la vergüenza de Mara, que ya llegaba a la humilde casa.
La adolescente se tiró en la cama, como había visto que hacían las chicas de la ciudad en la novela de la tarde. Una ráfaga abrió la ventana y pudo leer el cartel de bienvenida del lugar: BIENVENIDO AL PARAJE LAS ARAÑAS; ofuscada se levantó, cerró la ventana y volvió a acostarse. – Qué arañas ni arañas…este papá también…! si sabe bien que no tiene que tomar vino…ahora todos se van a enterar de las locuras que anda diciendo de la mano de muerto esa…
La machi caminaba lento allá en la meseta, buscando hierbas para sus conjuros. Iba con el perro negro, güilo, que siempre la acompañaba.
Mara renegaba y soñaba con sonarse los mocos en pañuelos de seda, con marcas con números, como las chicas de la novela de güenosaire.
La mano derecha de la chismosa del pueblo, comenzaba a paralizarse.

*Machi: bruja


(1) Escritora chubutense.
Su blog: http://nadinealeman.blogspot.com/



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EL CUENTO DE HOY





PARAJE LAS ARAÑAS


Por Nadine Aleman (1)





Por favor, sea breve, dijo la científica que ya no daba más de calor en esa zona perdida de la meseta patagónica. Mara le apretó el brazo a su padre, trató así de convencerlo. No soportaba ya que siguiera hablando locuras. Sin obtener resultado alguno, la niña optó por desautorizar el relato clavándole la mirada a la joven que la ignoró decididamente.
El padre de Mara, exasperado, pretendía convencer a la científica de que eso que había traído, y que estaba ahora sobre el escritorio, era, efectivamente, una mano de alguien, que por magia de la machi* se había convertido en una araña y que había paseado por el pueblo, aterradora y mortífera, hasta que él la había encontrado en el campo.
El rebote de miradas era de una tensión tal que los tres se olvidaron, por varios segundos, del calor agobiante que insertaba más rareza en ese lugar, y en esa época del año, y que por momentos había servido de argumento para que el padre avanzara en sus explicaciones del caso de la mano- araña.
Mara no soportó más, ni el relato del padre, ni el calor, ni la soberbia de la científica y se fue a su casa, levantando tierra, como se hace cuando uno está enojado y no tiene con quien pelear.
A lo lejos, la suave brisa traía la voz del padre de Mara, que insistía e insistía. Hasta que el viento cambió su sentido y se ahogaron las declaraciones, y también la vergüenza de Mara, que ya llegaba a la humilde casa.
La adolescente se tiró en la cama, como había visto que hacían las chicas de la ciudad en la novela de la tarde. Una ráfaga abrió la ventana y pudo leer el cartel de bienvenida del lugar: BIENVENIDO AL PARAJE LAS ARAÑAS; ofuscada se levantó, cerró la ventana y volvió a acostarse. – Qué arañas ni arañas…este papá también…! si sabe bien que no tiene que tomar vino…ahora todos se van a enterar de las locuras que anda diciendo de la mano de muerto esa…
La machi caminaba lento allá en la meseta, buscando hierbas para sus conjuros. Iba con el perro negro, güilo, que siempre la acompañaba.
Mara renegaba y soñaba con sonarse los mocos en pañuelos de seda, con marcas con números, como las chicas de la novela de güenosaire.
La mano derecha de la chismosa del pueblo, comenzaba a paralizarse.

*Machi: bruja


(1) Escritora chubutense.
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martes, 26 de octubre de 2010

PRESENTACIÓN DE UN NUEVO LIBRO









NO TE ATREVAS A CONTARLO


Cuentos cortos

Luis Alberto Jones




El día 1° de octubre, en los Altos del San David de la Ciudad de Trelew, el escritor Luis Alberto Jones presentó su nueva obra literaria; una selección de cuentos cortos que narran, de manera dinámica, la cotidianeidad de sus protagonistas. Relatos que se suceden en escenarios comunes, en un espacio real… En el prólogo del libro el licenciado y doctor en Letras, Marco Antonio Ramos Velásquez, dice: “No te atrevas a contarlo nos conmueve, a veces por su crudeza literaria en el que la cinta narrativa nos conduce por laberintos que son propios de nuestra vida doméstica. La pluma de Luis Alberto Jones se muestra con evocaciones muy queridas de un hombre vivido, de alguien que en el registro de su existencia de los años más añorados, rememora con sencillez y una intuitiva agilidad narrativa, los pasajes más relevantes de la vida, de tu vida, de su vida, de mi vida… Jones es un escritor de la vida que escribe para contar la vida, sin desmedrar su universalidad, ya que tras de cada párrafo lo ampara una sutileza e inteligencia, un amor profundo y sincero por cada trozo de vida, por cada temblor humano”. Tuve en gusto de acompañar a Luis aquella tarde del 1° de Octubre, en un salón colmado de público y con la presencia del Trío Cantasur que nos deleitó con algunos temas de su repertorio. Compartimos con los presentes el diálogo que a continuación se transcribe:



1 - Luis, yo podría comenzar diciendo, para quienes no te conocen tanto, o para los muy jóvenes, que tus actividades han girado siempre alrededor del arte, la comunicación, la locución, la oratoria, la expresión corporal. ¿Querés compartir con nosotros cuándo comienzan estas actividades a conjugarse y en todo caso qué sentís que te ha llevado a ellas?

Desde que cursaba el secundario con diversas actividades culturales y artísticas. Expresiones que se fueron conjugando con el tiempo. Siento que he sido impulsado por la necesidad de compartir lo que sentía.

2- Ya me ha pasado otras veces al leer tus cuentos, y es sentir que podés tomar espacio del narrador, es decir alejarte de Luis Jones, y convertir a aquél en un personaje más de la historia. ¿Sos consciente de eso? O en todo caso ¿buscás ese resultado?

Yo lo tomo como algo natural o espontáneo y pienso que surge desde mi ejercicio del periodismo, es decir ver y contar, tomando algo de distancia para ser más objetivo.

3- En este volumen en particular se narran historias cotidianas, pasibles de credibilidad… La duda que tengo es, y seguramente a tus lectores se les va a presentar también, ¿cuánto de real hay en los relatos de “No te atrevas a contarlo”, cuánto de tu imaginación, o de invención…?

Son historias que surgen de vivencias cotidianas observadas, ya contadas. Nada ajeno a la realidad que se nos acerca a todos. Están salpicadas, claro, de nombres, lugares y personajes cercanos o que han cruzado mi vida. Naturalmente interviene la imaginación para darles cuerpo y hacerlas más atractivas.

4- Hay un escenario que se repite y es el ambiente de los cafés, de los bares, de esos sitios propicios para encontrarse con uno mismo, solo frente al papel, inmersos en nuestro mundo mientras la vida sigue andando… Quienes te conocemos sabemos de algunos de tus gustos, y ese hábito es precisamente uno de ello. ¿Cuáles son los lugares donde te gusta escribir?

En el cuento “Un lugar para pensar” se describe al hombre que busca un lugar público, las condiciones para pintar con letras al semejante y sus circunstancias. De hecho el bar o una cafetería es el sitio por excelencia donde se encuentran la mayor diversidad de personas portadoras de infinitas historias de tal forma que es el ámbito que nutre los relatos.

5- Seguramente sos muy buen lector. ¿Qué te gusta leer?

Leo como escribo. Corto. Me cuesta embarcarme en las lecturas maratónicas. Me asocio al escritor español Baltazar García cuando dijo “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Si una obra literaria es demasiado larga para ser leída de una vez, preciso es resignarme a perder el importantísimo efecto que se deriva de la unidad de impresión, ya que si la lectura se hace en dos veces, las actividades mundana interfieren destruyendo al punto la totalidad. Mis cuentos son acordes a la premura que vivimos en estos tiempos, para leer en la sala de espera, el colectivo o la cola del banco. De todas formas el cuento corto no es un género menor: Edgar Allan Poe fue pionero en el estilo y luego lo siguieron Chejov, Quiroga, Borges, Cortazar, etc.

6– Refiriéndonos a esta obra en particular que hoy nos reúne… ¿cómo surge?, ¿qué te gustaría compartir con nosotros? ¿Cuál es el relato más querido, o de tu preferencia… y en todo caso –si podés contarnos- por qué?

Creo que surge cuando tenés un mínimo de trabajos que van creciendo con el tiempo, cuando te fijas una meta de agruparlos para publicar. Luego viene el proceso más difícil, el espíritu selectivo. En el uno busca ubicarse como lector para que las historias le atraigan y puedan sentirse identificados por sí mismo o conocidos en tal sentido siempre me he esmerado en que el final sea inesperado y en algunos contrapuesto al comienzo. Como vos bien señalaste en el prólogo de mi anterior libro, “Informales”: desatar los nudos que he ido construyendo. Respecto de mi favorito podría ser “En espera” porque siento que me ha surgido con fluidez una situación que se da habitualmente con un final de desencanto irreversible…



Al concluir el evento, el contacto del público con el autor y su obra propiciaron una grata reunión de amigos, una cita con los amantes de la literatura.


Olga Starzak





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