google5b980c9aeebc919d.html

sábado, 14 de agosto de 2010

EL MICRORRELATO DE HOY




EL PRODIGIOSO DON DE REUIL


Por Carlos Dante Ferrari



A raíz de sus sorprendentes correlatos con la realidad, las ficciones de André Reuil se consideran admirables, e incluso han sido calificadas como “peligrosas” por algún sector de la crítica. Ciertas frases suyas parecerían funcionar como cifras del destino. Cuando en el célebre cuento “Colette” narró la venganza de una mujer despechada, hubo lectores incursos en circunstancias similares a las de sus dos protagonistas masculinos, que terminaron arrollados por un auto o derribados por una bala perdida.
También los relatos de “Merxeau d’Or”, abundantes en revelaciones y epifanías, han provocado episodios de visualización en muchos lectores, premoniciones y presagios que, tarde o temprano, se hacen realidad.

Quizás para aventar el prejuicio de que su don propiciatorio sólo está asociado a las tragedias, esta mañana Reuil escribió la historia de un pájaro que logra fugarse de su jaula.
Y hacia el mediodía, ante el asombro ciudadano, el cielo se vio poblado por bandadas de jilgueros, volando en círculos festivos sobre todos los parques de París.




Bookmark and Share


votar






4 comentarios:

jorge gabriel dijo...

Carlos: Tu microrrelato ha horadado una vez mas mi experiencia, a falta de otras aptitudes para comentar en estas lides. Lo digo porque eso de los pájaros ensombreciendo un cielo como el de Paris, en actitud de apoyo a uno de sus congéneres al librarse de su prisión, me parece verosimil y plausible. Y de mi experiencia te cuento que he visto reunirse a los pájaros en grupos de miles o cientos de miles, después de criar su pichones y sin alardes ni despedidas, migrar a otras regiones del planeta.
Como otras veces he contado, el campo fué mi única escuela. Un abrazo. Rico.

Carlos Dante Ferrari dijo...

Rico, como siempre, sus observaciones son enriquecedoras. En el cuento, el propósito imaginado por el autor era ante todo reivindicatorio, debido a los comentarios adversos de la crítica. El sentido que le ha descubierto al vuelo de los jilgueros -celebrar la libertad de un congénere- es un "plus" poético incorporado, en el caso, por un buen lector como usted. Como bien suele decirse, el lector completa y da sentido a los textos. ¡Un abrazo!

Jorge Vives dijo...

Pesada carga debe haber sido para Reuil advertir que podía predecir, o manipular, el futuro. Y, más aún, al entender que al menos algunos de sus presagios, o sus acciones, conducían a sucesos funestos. Parece lógico, entonces, que haya tratado de acallar las voces maledicientes de sus críticos; intentando pronosticar, o fabricar, un suceso auspicioso. Sin embargo, Reuil podría haber hecho otra cosa. Podría, por ejemplo, haber explicado que sus escritos no tenían el poder de avizorar, o modificar, el futuro; y aclarar que todos los hechos que se le atribuían eran meras coincidencias, frutos de la casualidad. También podría haber hecho oídos sordos a la voz de los zoilos; y continuar escribiendo como si tal cosa.

Pero no hizo eso. Por el contrario, dedicó tiempo y esfuerzo a redactar un cuento distinto a sus anteriores obras, en el que habló de libertad y no de muerte; un relato que nada prueba, porque el suceso ornitológico observado por los parisinos sobre sus parques puede haber obedecido a muchas causas, de las cuales la menos probable es la prosa del escritor.

Por eso, este cuento breve llevaría a concluir que aquellos escritores que no soportan las malas críticas son capaces de escribir cualquier cosa, aun traicionando su esencia, con tal de ser literariamente correctos.

Para mi tocayo: tu amplia experiencia en la vida te otorga una aptitud sumamente apropiada para juzgar las bondades, o no, de un cuento. El crítico más válido de una obra es el propio lector. Y sospecho que, para que un lector pueda opinar sobre un texto, se requiere, sobre todo, experiencia y sentido común; virtudes de las que, en tus comentarios, haces gala. Tus opiniones siempre permiten enriquecer el escrito que las precede y origina.

Carlos Dante Ferrari dijo...

Querido amigo, entre las cosas maravillosas que tiene la literatura, quizás una de las más gratificantes es comprobar la cantidad y variedad de vivencias personales que genera la lectura de un texto. Casi podría afirmarse que hay tantas interpretaciones posibles como el número de lectores potenciales. Vimos cómo Rico conectaba el vuelo de los pájaros con sus experiencias campesinas y con su pulsión innata -también campesina y patagónica- por la libertad, el goce del espacio abierto, el festejo solidario ante las buenas nuevas. La tuya, tan propia de un escritor que conoce y maneja una multiplicidad de recursos, aporta especulaciones novedosas acerca de las alternativas, de los significados subyacentes, de los giros que tanto el protagonista como el propio autor pudieron preferir o callar. El acto de leer es una incorporación, una melodía ingresando al vasto recinto de nuestra memoria, donde se conecta con otras resonancias íntimas y conforma así su propia sinfonía personal. Por eso Reuil tendrá mil caras distintas, la historia de Colette tendrá infinitos modos de infidelidad y de traición, y los jilgueros volarán dibujando los más variados arabescos sobre el cielo imaginario de cada lector. Gracias por sumar tu opinión, siempre tan lúcida y creativa. Un abrazo.