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jueves, 5 de agosto de 2010

EL POEMA DE HOY

HOY: dos poemas de Raúl Horacio Comes




EL SENDERO



Lo he recorrido infinidad de veces.

Todo me es familiar,

conozco cada recodo y cada arbusto,

el aroma de sus plantas

los canales de riego

y el murmullo apagado del agua

corriendo en busca del surco

que dará vida al sembradío.

El grito de alerta del tero,

el estridente canto del hornero,

quebrando la monotonía

en la tarde serena.

El sol dibuja un abanico de luces

al colarse entre las hojas de los álamos

que bordean al camino.

El paisaje parece la entrada misma al Paraíso.

De pronto, como un rayo,

un recuerdo me invade

y truena fuerte en mi corazón;

entonces vuelvo a percibir la calidez de su mano,

a contemplar esa sonrisa hermosa

dibujada en su rostro,

el brillo de sus ojos al devolverme la mirada,

la alegría vital de compartir,

escuchar, disfrutar,

vivir,

por sobre todas las cosas.

Pero de pronto así como vino se desvaneció;

ya no está ahí.

Involuntariamente, con movimiento lento

mis ojos buscan inútilmente su mano.

¿Qué colores traerá esta primavera a mi corazón desteñido?

¿Quién dibujará sus pies junto a los míos en la arena húmeda?

¿Qué luz iluminará nuevamente mi alma oscura sumida en tanto dolor?

¿De dónde sacaré fuerzas para ahogar el grito

que la angustia profunda acerca a mi garganta?

El camino amigo no entiende de penas.

Solamente me regala su paz,

su tesoro más preciado.

Y yo guardo en él mi mejor recuerdo,

como ella lo hubiera querido…







LA PARTIDA






En la partida de ajedrez que relato, mi contrincante es la vida; los alfiles mis hijas; los caballos, mis amigos; las torres son mis pensamientos desbordados por la realidad y los peones, los proyectos de vida.




La partida está perdida.

Luego de una jugada magistral

la vida me dio un jaque doble

después de mi movida obligada

y ante mi desconcierto,

con decisión firme, mi oponente toma la dama sin inmutarse.

Impávido ante la última jugada observo el tablero

inclinado definitivamente en mi contra.

Luego ya mis movimientos no son pensados

sino resignados a las pocas posibilidades

que mi adversario concede

mientras jaquea constantemente al Rey.

Los alfiles con quienes compartimos los cuatro cuadros centrales

están desprotegidos y no encuentran espacio para desplazarse;

sus diagonales están bloqueadas por las propias piezas de color.

Los caballos no hallan un cuadro

donde puedan tapar esa amenaza constante

las torres no pueden defender al Rey porque están bloqueadas.

Observo cómo los peones en los que había basado

mi estrategia de juego

están siendo eliminados uno a uno por mi contrincante.

Presiento, impotente, que ella tiene una jugada pensada de antemano

para cualquier movimiento que realice.

En un momento de profunda angustia e impotencia

con movimiento suave empujo lentamente al Rey

dejándolo en forma oblicua sobre el tablero,

casi a punto de caer sobre él abandonando la partida.

Pero un momento de reflexión me invade

y vuelvo a dejarlo sobre el cuadro;

decido continuar

y será hasta el final,

ya no tanto como parte del juego

sino para observar sus movimientos, analizar y aprender.

Comprendí que mi oponente tiene sobre mi una superioridad increíble:

que para alcanzar la meta tengo que perder aún muchas partidas,

que es parte del juego, y que tenía que ser así.

Entiendo que aunque esta partida se pierda

todavía habrá otras que valdrá la pena jugar.

Reclino entonces mi cuerpo sobre el respaldo del asiento

y espero con atención

hasta la última jugada…




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6 comentarios:

Jorge Vives dijo...

¡Excelentes los dos poemas, Raúl! Podría hacer un comentario largo y detallado, porque leerlos mueve a muchas reflexiones. Pero, por ahora, prefiero sintetizar lo que pienso, y lo que siento, en una sola frase breve: tus versos son sentimientos que se hicieron palabras.

Olga Starzak dijo...

¡Sin palabras, Raúl! Un homenaje al AMOR que ha encontrado precisamente en las palabras solo una forma de expresarse...
Un abrazo

Carlos Dante Ferrari dijo...

Raúl, ¡has conseguido plasmar tus sentimientos en dos metáforas tan acertadas! La vida como un sendero que a veces se recorre acompañado y otras, en soledad; y la vida como una serie de partidas que se juegan día a día, sabiendo que aun ante las pérdidas más dolorosas, siempre habrá razones valiosas para seguir disputando la suerte de la próxima jugada. La mirada esencial sobre la existencia humana es un don concedido a los poetas y los filósofos. Una combinación de ambas cosas es la que hoy nos has mostrado con estos poemas tan conmovedores. Gracias por compartirlos. Un abrazo.

Raul dijo...

Jorge, Olga y Carlos, resumo en los tres mi gran agradecimiento por la inclusión de los poemas escritos como ustedes bien dicen, dictados por un corazón totalmente lastimado. Ustedes saben que yo pienso que me encuentro fuera de lugar escribiendo en un lugar donde lo hacen los que saben, lo mio es muy pobre en comparación de los post que observo frecuentemente. Solamente el mensaje es que escribir me hizo muy bien, poder plasmar mis sentimientos en un poema fue la mejor terapia que encontré, ademas de tener amigos como ustedes que siempre estuvieron a mi lado. Un gran abrazo a los tres y muy agradecido por esta publicacion

Anónimo dijo...

Raúl:
Realmente ha podido plasmar tanta verdad en ambos poemas; aquellas cuestiones relacionadas con los sentimientos y las pérdidas de seres queridos.
Ellos me han traido recuerdos de momentos vividos con alguien muy importante que ya no está. Desde vacaciones, tiempos llenos de alegría hasta largas horas sentada, reclinada sobre la cama, esperando con atencón esa última jugada, pero pensando nuevas estrategias para ganarle al destino "un ratito más".
Esa persona que ya no tenemos seguirá presente en cada lugar que hayamos compartido juntos/as. Uno lucha, trata de vencer, hace todo lo posible para ello pero, por más que sepamos que el trágico e inevitable final se acerca, no queremos bajar los brazos. Tampoco debemos hacerlo, por ellos.
Un abrazo,
Rosanna

Raul dijo...

Gracias Rosanna, tu descripción coincide con mis propias vivencias, lugares que ahora tienen tanta carga afectiva que yo no se si me atrevería a volver. Nunca sabremos como terminará la partida hasta que la última jugada se produzca..
Un gran abrazo
Raul