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jueves, 15 de marzo de 2012

LA NOTA DE HOY




UN MUNDO EN EL QUE TRELEW NO EXISTIRÍA

Por Jorge Eduardo Lenard Vives



Varios de los más célebres escritores argentinos dedicaron algunas de sus creaciones a temas patagónicos. Tal es el caso de José Sixto Álvarez, “Fray Mocho”, quien en 1898 escribe la novela “Mar Austral”; ambientada en Ushuaia y los canales fueguinos. Lo hace a fuerza de genio, por cuanto nunca visitó estos confines; y aún así obtiene descripciones coloridas y vivaces de los escenarios que pinta. Acotación al margen, el autor de “Viaje al país de los matreros” y “Memorias de un vigilante”, entre muchas obras, es antepasado de la escritora chubutense Nadine Alemán.
Otro escritor renombrado a nivel nacional que dedica un texto a las regiones australes, es Ricardo Rojas, autor de “El santo de la espada”, “Retablo español” y una gran cantidad de títulos más; quien, como consecuencia de su estadía forzosa en Ushuaia –estuvo allí preso por motivos políticos durante 1934–, escribe “Archipiélago”. Lejos de lamentarse por las causas que lo arrojaron  a Tierra del Fuego, aprovecha para crear un ensayo en el que da a conocer la historia y la geografía de esos lejanos territorios. Antes que él, Roberto Jorge Payró realiza un viaje por las costas patagónicas hasta Tierra del Fuego, a resultas del cual publica en 1898 “La Australia Argentina”. Horacio Quiroga, por su lado, recuerda al Austro en el atrayente cuento “Su ausencia”. Su protagonista, víctima de una alteración de la conciencia, escribe un enjundioso tratado de filosofía a orillas del “Lago Negro” en el Neuquén.
También Liborio Justo, “Lobodón Garra”, habló de la Patagonia en un volumen citado varias veces en esta página: “La tierra maldita”. Más cerca de estos días, se ocuparon de ella Dalmiro Saénz, con los cuentos reunidos en “Setenta veces siete”, escritos en Comodoro Rivadavia; Mempo Giardinelli con un libro de viajes, “Final de novela en la Patagonia”; Osvaldo Soriano, en especial en los imaginativos relatos sobre míticos partidos de fútbol patagónico; y Pedro Orgambide, en la novela “El Páramo” y en una biografía del Perito Moreno.
Quien no mentó la zona es Jorge Luis Borges. El escenario más sureño que pinta, precisamente en su cuento “El sur”, es un lugar indeterminado de la zona rural de la provincia de Buenos Aires; donde encuentra su destino Juan Dahlmann. Pero sí lo hace su amigo Adolfo Bioy Casares, en la novela corta “El perjurio de la nieve”; ambientada en un imaginario pueblo de la precordillera del Territorio del Chubut. La profundidad conceptual del relato lo convierte en una creación literaria de primer nivel.
Sin embargo, no es esta obra el motivo de la nota de hoy, sino otro de sus cuentos; “La trama celeste”. Esta narración tiene un argumento bastante común en el género fantástico: un mundo paralelo al cual el infortunado piloto Ireneo Morris accede, en forma inopinada, al efectuar el vuelo de prueba de un avión militar durante el cual se desmaya. Despierta en un hospital rodeado de extraños. Poco a poco, a través de pequeños detalles, se da cuenta de que, pese a que la mayor parte de la realidad que lo rodea es similar a la que vivía en forma habitual, no está en el mismo lugar. Entre esos indicios figura su propia existencia; pues es un perfecto ignoto en este nuevo sitio – incluso para quienes, en el otro, eran sus amigos íntimos.
Pero hay algo más: su nombre causa hilaridad, como si su pronunciación implicase sonidos inéditos. Al pedir hablar con uno de sus superiores, el general Huet, vuelve a ser motivo de bromas: nunca hubo un integrante del ejército con tan malsonante apelativo. Y cuando se escapa del hospital, donde está preso por considerárselo espía de un país vecino, para buscar un domicilio familiar; no encuentra el “pasaje Owen” ni la “calle Bynnon”.
Finalmente, retorna a su –nuestro– cosmos por similar medio aéreo y hace confidente de sus peripecias al doctor Servian. Éste, guiado por un poema de Blanqui, logra dilucidar que las pequeñas diferencias detectadas en el lugar que visitara su amigo, eran producto de una historia totalmente distinta. En aquel universo tenía entidad un país que en este había fenecido, Cartago; en tanto otro estado, aquí presente, allá era desconocido: Gales. Por eso los apellidos Huet (sic), Owen, Bynnon y el del mismo aviador, resultaban extraños.
Es curioso que Bioy Casares haya optado por esta nación para hacerla objeto de su cuento; no hay información sobre el motivo de esa elección. Por desventura, no aprovechó su idea para aplicarla a otras ficciones. En el mundo que describe el autor, por ejemplo, hubiera sido inimaginable la historia del Chubut tal cual la conocemos hoy en día. No habría habido Eisteddfod, ni Gwyl y Glaniad, ni Cymanfa Ganu. No se conocerían en Gaiman las casas de té ni las capillas en las chacras del Valle. No se disfrutaría de la sabrosa torta negra ni se escucharían las sentidas estrofas del Calon Lan. Y no hubieran existido Puerto Madryn, Trevelin, Dolavon; ni la progresista ciudad de Trelew.




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4 comentarios:

Carlos Dante Ferrari dijo...

¡Excelente tu nota, Jorge! Solo me parece oportuno señalar que, en realidad, Borges sí mentó al Chubut. Lo hizo en un poema escrito cuando visitó Comodoro Rivadavia, luego de contemplar con asombro poético a un pequeño jardín en el faldeo de las lomas. Se titula precisamente "Jardín" y dice así:

Jardín

Jorge Luis Borges

Zanjones,
sierras ásperas,
médanos,
sitiados por jadeantes singladuras
y por las leguas de temporal y de arena
que desde el fondo del desierto se agolpan.
En un declive está el jardín.
Cada arbolito es una selva de hojas.
Lo asedian vanamente
los estériles cerros silenciosos
que apresuran la noche con su sombra
y el triste mar de inútiles verdores.
Todo el jardín es una luz apacible
que ilumina la tarde.
El jardincito es como un día de fiesta
en la pobreza de la tierra.

Yacimientos del Chubut, 1922

Jorge Luis Borges
Fervor de Buenos Aires (1923)

Jorge Vives dijo...

Carlos, muchas gracias por tu opinión sobre la nota. Y permitime que te diga que no sólo es oportuna tu acotación, sino muy necesaria y valiosa; ya que agrega un dato de suma importancia para el tema del papel de la Patagonia en la Literatura Nacional, con el que inicio el desarrollo de este artículo. Sin dudas el poema, que muestra toda la calidad y el genio literario de Borges, origina una inquietud y un nuevo asunto de investigación.

Margarita Borsella dijo...

Jorge:
¡Muy buena la nota!
Con respecto al comentario que hace Carlos, no sabía que algunas estampas chubutenses habían sido plasmadas por esta genialidad literaria propia de Jorge Luis Borges -a la cual haces referencia-, ya que tenía entendido según su "Obra Poética", que el poema "Jardín" pertenecía a "Fervor de Buenos Aires" escrito en 1923.
Si bien soy una simple lectora, el aporte de Carlos, también en mí ha originado la inquietud de investigar en algún momento, la relación del poema "Jardín" con tierras chubutenses o patagónicas.
Muchísimas gracias a los dos por generar el deseo de zambullirnos en el "mundo borgiano" y llegar a entender o comprender el hombre que ha sido mediante sus poemas, o como decía él, su forma de sobrevivir en el poema conjetural.
¡Gracias!

Jorge Vives dijo...

Gracias por tu comentario, Margarita. Ciertamente, la perla literaria que aportó Carlos, que demuestra además su profunda y detallada lectura de la obra de Borges, genera inquietudes en todo lector. La Patagonia debe haber llegado al espíritu del escritor para que la describa así, con pocos trazos pero tan certeros. Por otro lado, después de leer el comentario, pensé que Borges también se refiere de alguna manera al sur, aunque en otro contexto, en sus dos poemas dedicados a Malvinas.

Aprovecho para hacer una observación sobre la nota en sí: cuando uno se introduce en el mundo de los universos paralelos y las ucronías, siempre termina apareciendo lo paradojal; una situación que incita la imaginación. En este caso podría haber puesto como título del artículo “Un mundo donde no existiría esta nota”; porque si no hubiera existido Gales no existiría el suscripto; y, por ende, tampoco la nota que se cita a sí misma. Claro que en tal mundo ni siquiera existiría Literasur, cuyo creador también tiene sus ancestros en ese país.