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martes, 8 de diciembre de 2009

LA NOTA DE HOY


EL CONSCRIPTO


Por Olga Starzak




Nos reunieron en el regimiento 8 de Infantería de la ciudad de Comodoro Rivadavia; éramos más de cien. La voz tan fuerte como firme del sargento pidió cinco voluntarios para cumplir con el Servicio Militar en la Base Aérea Militar de “El Palomar”. No se escuchaba ni un murmullo entre los conscriptos, sólo -si alguien se lo hubiese propuesto- el acelerado latir del corazón de jóvenes de todas partes de país con destino incierto, acorralados por la duda y el temor de ser sometidos diariamente al alto grado de entrenamiento físico que ya se había exigido.

Miré alrededor sin mover la cabeza; parecía que nadie hubiese acusado recibo de la petición realizada. En mi mente aparecieron los rostros de los seres queridos, ya lejos de este lugar; y un dejo de esperanza iluminó mi desazón. Si tenía que estar por más de un año lejos de ellos qué mejor hacerlo en un lugar que, para mí y hasta entonces, había sido casi utópico.

Levanté, sin titubear, mi brazo derecho. Todas las miradas recayeron sobre él. En escasos segundos otras manos se elevaron, algunas seguras, otras temblorosas; y sentí que mis posibilidades comenzaban a desgranarse.

Se nos había adelantado que eran sólo cinco los cupos para ese lugar. Los superiores estarían obligados a realizar un sorteo que determinara, sin arbitrariedad, quiénes accederían a ese destino.

El azar quiso que fuera uno de los cinco muchachos que cumpliría con la obligación del Servicio Militar en Buenos Aires.

Dos días más tarde, con el fulgor en el alma y la emoción en la piel, partí a esa ciudad que me cautivaba desde las imágenes periodísticas, las pocas revistas que llegaban a mis manos y los libros de geografía que arrobaban mi espíritu de joven pueblerino con ansias de descubrir nuevos horizontes.

El período de instrucción fue breve, o al menos así lo sentí en ese momento. Pronto me designaron como asistente y chofer del 2º jefe de Instrucción. Su nombre tendría en toda mi vida un significado particular y definitorio. Lo recordaré por siempre por su hombría de bien, su calidad profesional y su calidez humana. El teniente Coronel Emilio Cardalda marcó, sin saberlo, mi futuro: la integración de la familia en el lugar que me viera nacer y la posibilidad de un trabajo seguro y reconocido en el que permanecí hasta el momento de la jubilación.

Conocí a través de este hombre de actitud sencilla y el poder usado a partir de la honestidad y la justicia un mundo desconocido, que ni siquiera imaginaba.

El 5º piso de la calle Alvear y Libertador pasó a ser mi lugar de residencia, en las comodidades de un departamento tan luminoso como decorado, con un gusto rayano en la más sutil delicadeza.

Mis compañeros eran el chofer de la familia, la cocinera, la mucama y un mucamo: me integraron rápidamente a ese grupo humano al servicio del teniente, su esposa y la madre de esta.

Éramos tratados con absoluta amabilidad y respeto; y allí aprendí que las diferencias individuales sólo surgen del sentimiento de quienes quieran hacerlas notorias.


Conocí, en Buenos Aires, a las únicas tres tías que vivían también en Argentina y que avisadas por mi madre del lugar donde residía, me visitaban con frecuencia. Angela, Tecla y Elena eran físicamente muy parecidas a su hermana. Esta última tenía una hija sordomuda. Yo pasaba muchos fines de semana en su casa de Turdera y nos habíamos hecho grandes amigos. Sus dificultades para comunicarse pronto fueron resueltas por su tenaz deseo de manifestarse y fui habituándome a ese lenguaje gestual que, acompañado por el lento movimiento de mis labios, hacían posible interesantes conversaciones.

La casualidad o quien sabe qué quiso que un día sucediera un hecho singular, que me enternece cada vez que lo recuerdo. Estaba yo mirando por la ventana de ese 5º piso de Libertador cuando observo, como lo hacía habitualmente a los estudiantes secundarios en el patio de la escuela que en la planta baja se enfrentaba al living del departamento. Y allí, haciendo comentarios a sus amigas, con la cabeza elevada e inmensa alegría, mi prima señalaba con su dedo al primo sureño que acababa de descubrir. Hasta que el timbre del recreo debió haberlas vuelto a sus obligaciones permanecieron allí, saludando, agitando sus brazos, asombradas por la coincidencia y hasta quizás eufóricas por la presencia del joven que desde lo alto no dejaba de mover sus manos en un intento por corresponderles.


Aprendí, en la gran ciudad, el trato cortés que había que dispensarle a los jerárquicos del servicio. Pero también aprendí de trenes y subtes, de colectivos y anchas avenidas, de teatros y cines, de un lugar que –aunque lejano en mi realidad- existía para tantos.

Añoré, muchas veces, mi Trelew natal. También supe que el mundo citadino estaba escondido en mi sangre, en las entrañas de ese joven que era y del adulto que anhelaba ser; en la posibilidad del acceso a una cultura que me cautivaba, de un destino que aunque negaba por múltiples razones, hubiese deseado para mí, para los míos y para las posibilidades que se agotaban en un abrir y cerrar de ojos en la vida pueblerina.


Cuando concluí con mis obligaciones y aún tentado a permanecer allí, con trabajo y un futuro promisorio, regresé. Me agobiaban las presiones que sentía por ser el mayor de los hijos varones de una familia numerosa. Me alentaba un amor que esperaba.

Con ayuda del Teniente Caldalda me radiqué, con trabajo, en Comodoro Rivadavia. Por actitudes del mismo hombre y los lazos de afecto creados a partir del mutuo respeto y la desestimación a las diferencias sociales, poco más de un año más tarde volví trasladado al correo de mi pueblo, el entonces Encotel que me albergó hasta que, a los sesenta y cinco años, accediera a la jubilación.


Siempre volví a Buenos Aires. Muchas razones, todas de tipo afectivo, me llevaban a retornar a esa gran ciudad; visitar a la familia de mi madre, a la de mi esposa, a amigos allí dejados.

Siempre mantenía el contacto con aquel hombre que había depositado en mí su confianza. Supe que, a su retiro, se había radicado en una quinta de San Isidro.

La vida, las rutinas o quién sabe qué hicieron que perdiéramos durante algunos años nuestra comunicación. Cuando fui a su encuentro un jardín abandonado, paredes tapadas de yuyos y las persianas bajas y desaseadas de la casa, hablaron por el destino de aquel hombre que hoy, más de sesenta y cinco años después, evoco con emoción.




"El conscripto" es producto de uno de los tantos relatos que mi padre, Eduardo Starzak, me contara a lo largo de su vida. Siempre con profunda emoción y reconocimiento hacia los suyos.
Olga Starzak


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viernes, 4 de diciembre de 2009

LA NOTA DE HOY





ROBERT GURNEY - EL CUARTO OSCURO - POEMAS A LA PATAGONIA

Por JULIA CHAKTOURA



He recibido de regalo dos preciosos libros. Se trata de Poemas a la Patagonia y El Cuarto Oscuro de Robert Gurney, mi amigo británico-patagónico. Él escribe una magnífica poesía en castellano... ¿qué digo? ¿en castellano? no, verdaderamente escribe en argentino. Y esto es así porque proviene de una historia que me resultó entrañable y familiar. Una historia que nace en Gales en 1865, se traslada a Gaiman, Chubut, en la Patagonia a principios del siglo pasado y regresa a Inglaterra perfumado de nostalgias sureñas.

La historia comienza en 1865 con la llegada de los colonos galeses a la Patagonia argentina, precisamente a orillas del río Chubut (Camwy en galés). Años más tarde, abre sus ojos al mundo Enyr Jones, en Gaiman, en 1901.
Descendiente de aquellos primeros colonos, Enyr Jones se crió en una chacra del valle. Nacido en medio de cinco hermanos más, su madre decidió que este hijo, cuando cumpliera 18 años, iría a estudiar a Gales. No estaba dispuesta a que hiciera la milicia en la Argentina.
Y se cumplió el designio con puntualidad inglesa. También acudió a la cita el dolor del desarraigo que mordía las horas del pupilo desgajado de sus raíces.
Y cuando terminó los estudios se había convertido en desertor del ejército argentino, con lo cual no pudo regresar a su Gaiman amado. Su añoranza lo condujo a enseñar lengua castellana, pero con el inconfundible acento argentino. En entrañables charlas, sus alumnos —testigos privilegiados de aquel fervoroso patagónico—, abrevaron de la fuente poética rioplatense y se hundieron en la mirada nostálgica que reflejaba otras playas, otro valle.

Dice Robert Gurney de su profesor, Mr Enyr Jones: “Cuando yo era su alumno, él tuvo una gran importancia en mi vida, aunque yo no lo reconocí entonces. Sus clases eran un oasis de paz, amistad e inspiración, para un grupo pequeño en la biblioteca, sentado en círculo alrededor de una elegante mesa de madera, con los diccionarios a la mano. Él era un hombre melancólico. Había como una nube oscura distante por encima de Mr. Jones, lo cual me fascinaba. Me preguntaba cuál era su problema. Era mal visto en el ambiente de entonces, mostrar un lado débil o, digamos, un aspecto no positivo. Jones era una persona con la melancolía romántica. Su mente estaba en otra parte, su alma ausente, sus ojos en el horizonte, en un sueño; un personaje un poco misterioso… su cara humana, triste, un poco perdido, como diciendo ‘¿qué hago yo acá’? Por supuesto, sus pensamientos estaban puestos permanentemente en Gaiman.”

Y en su poema titulado “Jonás”, Robert Gurney concluye en sus últimas estrofas:

[...] “Jonah” era el apodo de Mr Jones nuestro profesor nacido en Gaiman, de la clase de español. Fue arrojado en una playa galesa. [...] No cabe duda que nos rescató de la cadena de ensamblado.


El resultado de esta historia es que hoy podemos gozar de la maravillosa poesía de mi amigo Bob Gurney que es un perfecto anglosajón, pero que piensa en argentino (¿o en gaimense?) y cuando deseamos que aclare esta rara condición, nos dice lo siguiente:


Tengo que explicarte algo,
querido lector.
Es cierto que cultivo
el español argentino.
Mi primer profesor de Español
en el liceo de Luton
era el Sr. Enyr Jones
de Gaiman, Chubut.
Hablaba inglés
con acento galés.
Su español tenía
el mismo acento cantarín.
Sin duda en esa época,
hace dos vidas,
los galeses de Gaiman
hablaban español
con un acento galés.

Cantaban al hablar,
hablaban cantando.
Nosotros los alumnos
desarrollábamos
voces cantarinas
al recitar los verbos
como un coro de los valles.
No sólo eso.
Mr. Jones poseía
los vocablos argentinos.
Dudaba mucho
cuando nos enseñaba una palabra.
“A ver lo que dicen

en el diccionario”,

pronunciaba,
a pesar de que hablaba con fluidez
el español.


Recuerdo sus luchas
con una novela mejicana,
Pensativa.


Era principalmente profesor de alemán.
Creo que lo invitaron después
a enseñar el español.

Por eso usaba
su español natural
de Gaiman,
sin reflexionar mucho
en lo que decía.

¡No sé cómo aprobamos!
Las autoridades querían
el español de Castilla
pero aprobamos todos.

Teníamos la gramática patagónica
y el léxico chubuteño.
Sentí recién
una especie de nostalgia
por mi español
chubuteño galés.
Como sabés
oigo a menudo
la voz anglo-galesa de Dylan Thomas
cuando escribo mis versos.
Dylan me ayuda mucho
cuando busco una frase.

Mi esposa es galesa.
Mis hijos están ahora
en La Cabeza del Dragón.
Nunca pierdes la lengua
que aprendes de niño.
Más tarde intentaron eliminarlo,
como borraron en el colegio
mi acento lutonense
que a veces retorna.

El gaimense
fue mi primer amor.

Total:
adquirí un español chubuteño.


El jardín de Mr. Jones / El jardín de Mr. Jones

In those days / En aquellos tiempos
just after the war / justo después de la guerra
many of our teachers / muchos de nuestros profesores

had secret gardens. / tenían jardines secretos.

We were often / No era normal
not allowed / que nos permitiesen
into them. / entrar.

But there was one, / Pero había uno,

Mr Enyr Jones, / el Sr. Enyr Jones,

from Gaiman, / de Gaiman,

in Patagonia, / en la Patagonia,

who had such a place / que tenía tal sitio

and who would let us in. / y que nos dejaba entrar.


He would take us / Nos paseaba

for walks around it, / por ahí,

absentmindedly, / distraídamente

showing us the lawn / señalando el césped

and flowers / y las flores

that had different names / que en España

from those in Spain. / tenían nombres diferentes.


Perhaps / Quizás

the other gardens / los otros jardines

did not really exist / no existían de verdad,

but his did. / pero el suyo sí.




Foto de Enyr Jones (de pie)



Elite


Éramos una elite
en la clase de Español.

Eramos pocos,


más Mr Jones,


de Gaiman.


El colegio no nos daba


una sala.

Las lecciones tenían lugar

en la biblioteca

alrededor de una mesa de roble.


De vez en cuando
la puerta se abría

y estudiantes de Inglés, Francés,


Alemán o Latín


hacían ruidos surrealistas.


Pero nada podía molestarnos


sentados en un círculo


soñando con los ríos de México


la costa euskera


y los espacios abiertos


de la Patagonia.


Era un oasis de calma.


Oí más tarde


que transfirieron la clase


a la sala de los monitores


y que los estudiantes de Biología

bajaban ratas

para quemar

en el fuego eléctrico

antes de las clases.

Éramos una elite


dentro de una elite,


perseguida,


y nos encantaba.



El sueño de los galeses



“¿The dream is over,

El sueño ha terminado,


para los galeses?”


le pregunté
al barman.

“¿Quién puede saberlo, amigo?”


me contestó.


“Los sueños,

como todo lo que existe


no se pierden:


se transforman.


Los sueños


son energía.


A veces


dan calor


a veces luz


a veces
matan.”


Su libro Poemas a la Patagonia, fue recientemente editado en soporte papel y también en la web (ver www.poéticas.com.ar “sección Inglaterra”), y en breve será editado en Madrid (España). Tiene un extraordinario prólogo del poeta argentino Andrés Bohoslavsky quien, desde Cipolletti (Río Negro), se ocupó también de la selección. Y ese prólogo, dividido en dos partes, dice así:


Robert Gurney, el hombre.

Para ser sincero, escribo estas líneas para un amigo.
Y suena fuerte al escribirlo. Casi tanto como al pronunciarlo. Entonces, prefiero, hablar primero de él. Y contarte algunas cosas. Fue Bob, entre unos pocos, quien me rescata de una etapa oscura en lo relativo a la poesía. Abandonado y descreído de los “salones”, las “capillas” y finalmente hasta del valor de lo literario, soy extraído de ese territorio tenebroso, por eso que diría Chejov, mejor que yo. Un alma generosa. Y escribir sobre Bob, es hacerlo sobre esas almas que no piden nada, no quieren nada, sobre una persona que no “mercadea” con la vida ni con la poesía. Y esto no es poco. Creo, al fin, que estamos frente a un soñador, un utopista. Alguien que usa las palabras como herramientas, para transformar el mundo: el visible y el otro el que podemos aprehender y el que no el que se palpa y el que soñamos. O deberíamos hacerlo. Bob, significa para mí, la mano extendida. Una “travesura” del Señor. Si es que Él existe. Entonces, creo que el poeta toma otra forma, otras formas. El punto donde las palabras ceden a las imágenes. Ahí es donde puedo ubicarlo: en las imágenes oníricas de Chagall en la inversión de lo real de Dalí entre los mineros de Van Gogh en la otra orilla del Río Negro. Claro, estas visiones destiladas en mi cabeza, tal vez se tornen confusas, estimado lector. Mejor hacé una cosa: leé sus poemas viajá con él luego cerrá los ojos.

Robert Gurney, el poeta


La voz de Robert Gurney en Poemas a la Patagonia es un viaje.
Mejor dicho, varios viajes, varias voces. Gurney te llevará de viaje por la Patagonia, a un viaje por los ríos, valles, montañas, desiertos, bosques, parajes… una voz toma la forma de la naturaleza, utilizada para referirse al estado permanente de las cosas. Sin aditamentos. Pero Gurney no se limita a ser lo que es. El espíritu (otra voz) del poeta construye un desafío: el riesgo de escaparse de uno mismo. Y nos propone un enigma, nada sencillo: Si la naturaleza es lo real, lo contrario a espíritu, ¿de qué hablamos cuando decimos?: “La naturaleza del espíritu” y “el espíritu de la naturaleza”. ¿O son lo mismo? y dobla la apuesta cuando observa. Pero no observa sólo con los ojos. Eso está claro. Mirar, no da poesía a quien no la tiene. Gurney, idealista al fin, nos dice que la realidad es el mundo de las ideas, y no la realidad perceptible. Luego, algo hace que nos preguntemos ciertas cosas. ¿Cómo sé, de pronto, lo que sabía? ¿Contemplaba hace tiempo cosas eternas? Al poeta, los sentidos no le molestan al observar. Él no filosofa, ni lo quiere hacer. Gurney eligió la poesía. Y está bien que así sea. Lo que necesita el mundo no son filósofos, ni hombres de ciencia ni contadores. Ya hay suficientes. Su territorio es el poema. El poema que vive en el río, en las hormigas, en los indígenas, en los mitos, en su universo imaginario. Su poesía, al igual que la naturaleza, no se excede. No pone más plantas que las que están, ni más ríos que el que corre. Y creo, debo ser yo también mínimo. Los poetas como Gurney no se explican. Se leen.



COMENTARIO SOBRE LA OBRA POR LEO ZELADA



La Poesía de Robert Gurney se desliza en la mejor tradición anglosajona, con una precisión en la palabra y un manejo diestro del lenguaje colloquial. Empero se nota el desborde de la poética de la intensidad, propios de la mejor poesía latinoamericana. Tradición y modernidad atraviesan armónicamente este poemario. Cuarto oscuro es un libro logrado, que en estos tiempos de globalización cultural y de los límites de las fronteras nacionales, nos brinda un autor que siendo inglés, nos sorprende con un brillante sincretismo literario de la literatura inglesa y la tradición poética de América Latina.
Leo Zelada

The Poetry of Robert Gurney belongs to the best English tradition, with its verbal clarity and skilled handling of colloquial language. Nonetheless one notes the outpouring of a poetics of intensity, peculiar to the best Latin American poetry. Tradition and modernity intermingle to harmonious effect in this volume of poetry. The Dark Room is a successful book, where, in these times of globalisation of culture and waning national frontiers, we recognise an author who, though English, astonishes us with his striking syncretic fusion of English and Latin American poetic traditions.

Leo Zelada



DATOS DEL AUTOR: Robert Gurney cursó el bachillerato en el Luton College. Continúa en la Universidad de St Andrew donde estudia Literatura Castellana y se interesa particularmente por Huidobro, Larrea, Diego, Vallejo. Más tarde, prepara su tesis doctoral sobre Juan Larrea (The Poetry of Juan Larrea, Universidad de Londres, 1975), poeta al que entrevista en treinta y seis oportunidades en 1972, en Córdoba, Argentina. Busca crear una poesía minimalista y, a menudo, gráfica; busca las pequeñas verdades de la vida. Expresa: “Quiero encontrar un hueco, un sitio para mí y, creo, para mis amigos.” Publica Poemas de la Patagonia, (Inglaterra, 2004); La Poesía de Juan Larrea (Ensayo, Bilbao, 1985); tradujo El río y otros poemas, de Andrés Bohoslavsky (Ed. Verulamium Press, St. albans, 2004) y otros libros del mismo autor. Ha publicado diversos artículos sobre poesía de vanguardia; tiene un capítulo sobre Buñuel y Larrea en A Companion to Spanish Surrealism, Tamesis, Londres, 2004 y en Buñuel Siglo XXI, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2004. Prepara un libro sobre Juan Larrea basado en las entrevistas; tiene una novela “anglo-argentina” (inédita). Ha dictado cursos en la Universidad de Middlesex sobre poesía latinoamericana del siglo veinte y sobre la generación del 27. Es Honorary Lecturer, en la Universidad de Gales, Swansea.



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martes, 1 de diciembre de 2009

OTRA OBRA INCORPORADA A LA BIBLIOTECA PATAGÓNICA


CRONOLOGÍA PATAGÓNICA
Rodolfo Cananor
Publicaciones Cananor

El Ciprés Impresos - Comodoro Rivadavia, 1993


En palabras de su autor, esta obra de investigación "no pretende ser una historia de la Patagonia, si bien tomando estas notas como guía y referencia, bien podrá elaborar el investigador como el docente vocacional una historia hilvanada. Tampoco fue intención del autor entregar una suma de fechas dignas de recordar a manera de efemérides, puesto que si las sacáramos del orden presentado, muchas de ellas carecerían totalmente de significado." Aclara más tarde el autor que "para el presente trabajo se solicitó información a 40 Direcciones de Cultura patagónicas, de las cuales 38 no respondieron. Por lo tanto el material empleado ha sido recabado en la misma ciudad de Comodoro Rivadavia y en los viajes que el autor realizó a las localidades de Bahía blanca, Viedma, Patagones, Trelew, Rawson, Esquel, Trevelin y Perito Moreno".
La obra se presenta como una cronología de hechos relevantes ocurridos desde el 15/03/1451 -fecha de nacimiento del marino y cosmógrafo italiano Américo Vespucio- hasta el 19/03/1984 -fecha de creación de la X Brigada Aérea con sede en Río Gallegos. A lo largo de más de 300 páginas y en un orden estrictamente cronológico, se reseñan 2.277 acontecimientos considerados como hitos dentro de la historia patagónica, desde los aparentemente más sencillos -creación de escuelas, juzgados u otras instituciones- hasta los de mayor trascendencia -partidas y llegadas de expediciones y campañas, fundación de ciudades, grandes descubrimientos- ofreciendo así una gran variedad temática y los distintos matices que conforman el lento y paulatino poblamiento de esta extensa región austral.

El trabajo está complementado por un apéndice con las efemérides año a año, contiene mapas, un exhaustivo índice alfabético y dos cuadros con las principales expediciones y campañas y sus resultados. En la provincia del Chubut la obra fue declarada de interés provincial -mediante el decreto 2076/92- y de interés educativo por el Consejo Provincial de Educación (resolución N° 437/93).



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domingo, 29 de noviembre de 2009

LA NOTA DE HOY




JUAN GOYANARTE Y LA PATAGONIA
Por Fernando Jorge Goyanarte (*)


No trato en esta nota de hacer una reseña histórica de su viaje por la Patagonia, describiendo cronológicamente el itinerario que efectuó para conocerla en profundidad. Sí intentaré interpretar de qué manera la Patagonia se le encarnó en una manera tan especial que le permitió – y creo no equivocarme – crear la mejor y más relevante novela de las varias que escribió. Para poder apreciar con justeza todo este “enamoramiento” entre escritor y naturaleza me veo obligado a describir, aunque en forma somera, la vida del escritor, previa al conocimiento de ese sur argentino.
Juan Goyanarte fue aventurero, escritor, periodista, editor, empresario, hacendado y con todo ello forjó una imagen polifacética. Pero por un instante me gustaría detenerme en la primera palabra – aventurero. Como tal recorrió casi toda Europa, norte de África, Rusia, Estados Unidos y la mayoría de los países latinoamericanos; y por supuesto Argentina. Todo esto viene a cuento porque fue una persona que en ese ir y venir de cada viaje adquirió conocimientos de ciudades, de paisajes, de costumbres, de idiomas; de lo más diverso que uno se pueda imaginar. Y un día decide viajar a la Patagonia; y recurro al comentario que efectuó la Editorial Losada en la contratapa del libro “Campo de Hierros” diciendo: “… después de haber recorrido durante medio año, sólo con su “Winchester”, en un automóvil y a lomos de caballo, hasta sus más apartados rincones”.
Ubiquémonos en esos años, con medios de transporte, caminos, ropa y elementos para efectuar este recorrido, totalmente rudimentarios y escasos. Pero como buen vasco, todo inconveniente que se presentaba lo enfrentaba con una voluntad férrea. Así salvando cada circunstancia comenzó un “enamoramiento” mutuo entre escritor y naturaleza, entre escritor y personajes, entre escritor y costumbres… y, por qué no, entre escritor e inconvenientes. En la conjunción de todo esto nace la novela “Lago Argentino”; y en ella vuelca esa identificación plena entre él y ese ambiente atrapante y arrollador, que sólo la Patagonia puede brindar.
Qué mejor para describir la obra “Lago Argentino” que Ezequiel Martínez Estrada, quien dijo… “La novela transcurre como avanza una caravana dentro de una tormenta”… “En ocho leguas de campo, millares y millares de ovejas y un puñado de hombres realizan el experimento de probar hasta donde es compatible la vida – la vida sencillamente – con las fuerzas inmensamente superiores y adversas de las montañas, los torrentes, las nieves, los vientos y la soledad. Animales y seres humanos apresados, sitiados, tal como en los cuentos de náufragos y de exploradores, por las divinidades sin nombre ni forma que pueblan aquellas regiones maravillosas y terribles, que luchan primero por vencer, después por mantenerse y al fin por no ser aniquilados”. “La figura imponente en su reciedumbre moral y corporal de Martín Arteche da unidad y sentido humano a cuadros desoladores y escenas en que las palabras se enconan como espinas. En el centro, sólidamente puesto, trabaja por mantener la unión y la colaboración, por atar lo que está suelto, por eslabonar lo que está desenganchado... Lo tierno y lo bello se agosta y fenece en un clima inhumano, sin que los esfuerzos para preservarlo alcancen a contrarrestar las fuerzas ambientales... No solamente ha de tener un parque y una huerta, como tiene el establecimiento “Los Témpanos”, levantado a costa de grandes sacrificios, sino que tendrán una casa amplia y cómoda, un hogar, una compañera y, en el colmo de todos los afanes, un hijo.” “Es la historia de Martín Arteche que con sus manos ha hecho ese milagro…”
Deseo sumar a lo dicho anteriormente un artículo extraído de la revista de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires de abril del 2009, redactado por Magdalena Ruiz Guiñazú y titulado “La alegría de leer”. Allí esa periodista, escritora, conductora de radio y televisión, productora, ganadora de infinidad de Martín Fierros, galardonada como la periodista de Mayor Agallas en Nueva York, dice: “Tuve momentos de gran enamoramiento con “Lago Argentino”, de Juan Goyanarte, una novela hoy agotada que relata las aventuras y desventuras de los anarquistas españoles que se habían afincado en la Patagonia…”.
Tomo ambos comentarios como ejes de lo que diré luego. No tienen la finalidad de ensalzar la novela, dado que tuvo y tiene luz propia. Sí, quiero rescatar de ellos sus mensajes, porque allí es donde se encuentra al inmigrante mondragonés o guipuzcoano que queda atrapado por esa imponente belleza que supera todo lo visto, esa Patagonia que con sus ventisqueros, con su fauna, con su flora, con sus otros inmigrantes (con diferente nacionalidad, ideas, razas, y credos), con sus aborígenes, con su todo; se introduce en el interior del escritor y llegado el momento Juan Goyanarte siente la imperiosa necesidad de sacar todo lo acumulado y lo vuelca al papel con una precisión muy fina. No escatima calificativos para describir todo lo que observó y le entregó la Patagonia y sus personajes. Personajes que adapta a su novela y a quienes entrega una personalidad en particular, que sale en función de lo que vio y de sus propias vivencias experimentadas a lo largo de sus extensos y variados viajes.
Creo haberme podido introducir en el alma, en el espíritu de Juan, para poder cuantificar el asombro que le produjo todo aquello que le ofrecía cada rincón de esa Patagonia. Esa Patagonia que es cálida pero fría también, que es agreste en sectores pero exuberante en belleza en otros, que casi no tiene pasto pero en cuyos valles y laderas crece el pasto tierno y aprovechable para los animales; en fin, esa dualidad que hace que cada día que se transcurre en ella, uno se vaya embriagando y encariñando más.
Al cierre de esta nota deseo hacer una mención muy especial a las distintas corrientes inmigratorias que, cada una de ellas con sus características propias, supieron aquerenciarse a éstas tierras, poblándolas, trabajándolas, incorporándoles su cultura, queriéndolas como suyas e inculcándoles a las generaciones posteriores ese apego a esta Argentina que les abrió sus brazos.


Nota: en la tarea investigativa – literaria sobre mi tío, por lo mucho que me han aportado, no puedo dejar de agradecer a José Ramón Zabala (profesor de Lengua Española en el Instituto de Andoain, doctor en Filosofía y Letras y Secretario de Hamaika Bide), a José Ángel Ascunce Arrieta, al escritor Hugo Wast y su obra “Valle negro”, en la cual cita a Juan, a Graciela Cutuli, autora de la nota “El glaciar de sangre azul”, publicada por Página 12, del 2 de febrero de 2004, sección Turismo; al diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, a la Biblioteca “Bernardino Rivadavia”; a la Fundación “Ezequiel Martínez Estrada”, a la Unión Vasca de Bahía Blanca, y a todos aquellos que con pequeños aportes me permitieron conformar los distintos perfiles del autor de “Lago Argentino”. Y por supuesto, al escritor Jorge Eduardo Vives, quien en todo momento me ha dado una cabida extraordinaria y me ha permitido trabajar juntos desde el mismo momento en que lo conocí.

(*) Fernando Jorge Goyanarte, escritor de Bahía Blanca, autor de “S.O.S. Humanos”, es familiar directo de Juan Goyanarte, creador, entre otras numerosas obras, de la novela “Lago Argentino”.


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jueves, 26 de noviembre de 2009

LA NOTA DE HOY




- La comunicación -
Un papel importante en la historia


Por Kayra Wicz



Un egipcio, 3000 AC, extrae del valle del Nilo, thuf, una planta antigua de la familia de las ciperáceas. Corta el tallo, lo introduce en agua, le quita la corteza verde, hace finas tiras. Sobre una capa en sentido horizontal, agrega otra en sentido vertical, las une por presión, y las deja secar al sol. Y así, explicado de manera sintética, obtiene una hoja compacta que se aplana con un martillo, y se pule con un instrumento de marfil. Le lleva días lograr su arte La mejor calidad de este producto lo reserva para fines religiosos. Finalmente envuelve las hojas en forma de rollo. Esta antigua planta es el Cyperus papyrus, llamada “Byblos” por los griegos entre los siglos VI – V AC, debido al lugar de procedencia desde donde se lo comercializaba, y finalmente a partir del siglo IV AC papyrus o papyrum por los romanos.


El papiro ya se usaba en Creta y en ciudades fenicias en el segundo milenio AC. En Grecia hacia el VII AC el papiro hizo su aparición. Los griegos denominaban charta a la hoja de papiro no escrita, y volumen o liber al rollo del mismo. Los romanos utilizaron el papiro como soporte de la escritura, ya que era más cómodo y más fácil de manejar que la corteza de árbol, los rollos de plomo y la tela que utilizaban desde hacía tiempo.

Los mayas entre los años 500 y 1000 AC comenzaron a “fabricar papel”, lo llamaban huum . Los Aztecas también lo hacían y lo designaban con el nombre de amatl (árbol de amate). También al igual que los egipcios con el papiro, por el tipo de fibra lo utilizaban para hacer vestimenta, zapatos, tiras, cordones. Las plantas eran de la familias de las moráceas ( ficus padifolia, ficus involuta, ficus petiolaris y ficus catinifolia).


El uso del papiro como material de escritura fue un negocio floreciente en Egipto. La producción y distribución del papiro era controlada por el estado, fue exportada a lo largo de todo el antiguo mundo del Mediterráneo. El papiro sin embargo, fue el precursor del pergamino ya que debido a la competencia de dos reyes por poseer la mejor biblioteca de la época. Ptolomeo Epífanes, que vivió desde el 205 al 182 AC, decretó un embargo sobre las exportaciones del papiro producido en Egipto, lo que obligó al rey de Pérgamo (Attalo I) a buscar una fórmula alterna de materiales para la escritura. Fue así como se desarrolló la industria del pergamino, el cual era fabricado con pieles de ganado, antílopes, cabras, ovejas, especialmente recién nacidos. La conquista de Egipto por los árabes en el año 641, redujo el ritmo de exportaciones. Primero, el alto costo del transporte, segundo, la sequía del Nilo y los trabajos de irrigación comenzados por los árabes, que transformaron los pantanos en terrenos agrícolas. Pero también fueron los mismos árabes que lo introdujeron al sur de Italia, dónde hoy todavía crece.

Cerca del año 105 de la era Cristiana, T’sai Lun, un consejero privado en la corte China del Emperador Ho Ti, concibió la idea de preparar una mezcla de retazos de seda, corteza, cáñamo y espinas de pescado en agua hirviendo, la que luego maceró hasta conformar una pulpa. Esta era introducida en un tamiz vertical, y luego horizontal, permitiendo el drenaje del agua y dejando una capa húmeda de pulpa formada por fibras entrelazadas. Las fibras se dejaban secar al sol, se presionaban con piedras y así se obtenía la hoja de papel. Luego se perfeccionó con operaciones de encolado y satinado.

Mayo del 2008, Museo de Arte Popular, México. “Amate y Papiro… un diálogo histórico”. Con esta exposición se celebraron los 50 años del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y Egipto. Aquí las dos culturas mostraron al mundo su historia. Haciendo un homenaje al medio de comunicación más importante de la antigüedad clásica. Tratados que han cambiado el mundo, su religión, su filosofía, su política, su poesía, las bases de toda la cultura occidental, sus dioses, sus mitos, las históricas batallas narradas, casi maravillosas, están aquí para nosotros , gracias a él. Lo llevamos en los bolsillos, lo acumulamos, lo transportamos en toneladas. Es duradero, y biodegradable, reutilizable, y reciclable. Nos da seguridad, guarda las palabras mas bellas y las mas duras. Lleva impreso datos, perfumes, recuerdos, imágenes. Es el beso que viaja. Lo sellamos, escribimos, certificamos, firmamos, es moneda y envoltorio Abrumador cuando queda en blanco, fuente de inspiración. La guerra y la paz están presentes en su historia, y la historia se hizo presente en él. Es único, es el papel.


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martes, 24 de noviembre de 2009

DOS NUEVAS OBRAS INCORPORADAS A LA BIBLIOTECA PATAGÓNICA

DOS OBRAS RECIENTES DE JULIA RITA CHAKTOURA*




GAIMAN
Conversaciones con el Valle
Julia Chaktoura
Ed. Jornada - Patagonia Contemporánea - Trelew, 2009




Esta obra contiene un rico anecdotario del valle del Chubut recolectado a través de los relatos de gente memoriosa, merced a la paciente y silenciosa tarea de la autora.
Según sus propias palabras, este libro "no pretende ser una erudita investigación antropológica, ni un trabajo de recopilación histórica. Es, sencillamente, una conversación serena y entrañable con personas del valle que tienen muchas anécdotas para contar y que, además, desearon hacerlo."
"Los entrevistados" -refiere Julia- "pertenecen a diversas colectividades. Algunos de ellos son nacidos y criados en la zona; pueden dar testimonio de la etapa fundacional de la provincia y recitar con orgullo su linaje colono. Otros, han llegado con la corriente inmigratoria de las primera décadas del siglo XX, y sus vivencias transmiten el cambio de la antigua aldea devenida en ciudad. Cada uno tiene un universo particular, pero al mismo tiempo se inserta en el de sus vecinos, formando una intrincada red de lazos parentales y amistosos que se fueron tejiendo a través del tiempo. Por eso" -afirma la autora- "este libro está dedicado a todos los habitantes de Gaiman. Es de ellos. Les pertenece".





LA OCTAVA PLAGA
Julia Chaktoura
Ediciones del Cedro - Trelew, 2009





"La octava plaga" es una novela de apasionante actualidad que transporta de la mano de un bioquímico argentino -interesado casual en una serie de informes confidenciales sobre el SIDA- hasta las entrañas mismas de la destrucción del hombre sobre la tierra.
El hallazgo que significa situar el desarrollo de la historia en la Patagonia y deslizar que esa es la "Tierra Prometida", muestra que la humanidad no necesita de ningún apocalipsis para evidenciar las miserias que la acosan.
Julia Chaktoura ha llegado hasta lo más recóndito del dolor con una aventura tumultuosa, desbordada por la carrera desigual entre la realidad y la fantasía de un modo febril y violento.
Patentiza la angustia y su visión crítica de la condición humana, nos permite reconocernos y nos invita a percibir el éxtasis que significa adivinar los trazos de "otro amanecer".



*Julia Chaktoura nació en Buenos Aires el 22 de mayo de 1948. Reside en Chubut (Patagonia) desde 1982. Narradora y poeta. Editora. Otras obras de la autora: "SIDA, desafío del futuro" (novela), Bs. As., Ed. Vinciguerra, 1991; premiada con la Faja de Honor de la Asociación de Escritores de la República Argentina; "El olor de los sentimientos" (novela), Bs. As., Ed. Vinciguerra, 1994, ambas obras incorporadas a la enseñanza en diversas escuelas secundarias; "Disparates, rimas y adivinanzas", Bs. As., Alfaguara, 1998 y Santillana, Venezuela, 2005 (poesía infantil), obra seleccionada por el diario "Clarín" entre los seis mejores libros argentinos para primeros lectores; "El baúl de los juguetes" y "El baúl de los oficios" de la colección "Los libros del baúl", Bs. As., Santillana, 2004 (ambos de poesía infantil). Coautora de "Pilchita", Chubut, Ed. del Cedro, 2005, literatura infantil para escuelas rurales patagónicas.




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domingo, 22 de noviembre de 2009

EL POEMA DE HOY

Poema ganador de la Medalla de Plata -Asoc. San David
Eisteddfod del Chubut 2009





CHUBUT



"quiero la eternidad como

una paloma en mis manos"

Vicente Huidobro




Yo soy la fiel amante de tu hechizo,
la peregrina voz de tus paisajes.
La que intenta viajar sin equipaje
por tus cielos de paz. Sólo preciso

los potros indomables de tu viento,
beberme las caricias de tus lunas
y exaltada de soles, una a una,
asirme a las palomas de tu lento

despertar de clarines. Será entonces
cuando mi cuerpo ahondado en tus entrañas
se abrace a tus raíces redimidas...

Y estaremos así, como en el bronce,
con la eterna delicia de una hazaña,
cantándole al soneto y a la Vida.


Griselda Jones Redondo

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sábado, 21 de noviembre de 2009

EL CUENTO DE HOY





CASIMIRO SZLAPELIS
(Colonia Sarmiento- Chubut- 1903-1983)

por Mónica SOAVE*



...hoy me quedan algunos minerales y algo más que una milenaria astilla petrificada del cargamento que me mandó Don Casimiro con las identificaciones manuscritas de lo que es cada piedra. En el grabador escucho su voz firme contando su historia increíble...
Francisco N. Juárez


Nace el 1º de octubre de 1895 en el pueblo de Kupiskis, a orillas del río Levuo, en Lituania. Su padre Justino, ha tenido cuatro hijos con su primera mujer pero, después, se ha enamorado de nuevo y se ha casado con Sofía Yankaukas, por eso ya no le extraña ver ahora la cara de esta criatura recién nacida, tan arrugada, tan azulosa, tan parecida a todas las otras.
El padre de Justino se llama Isidoro y vive sin su familia y muy lejos de su Lituania natal, en Gualeguaychú, Argentina. En 1897 Isidoro se cansa del litoral, del río y de los mosquitos y decide partir hacia la zona de Colonia Sarmiento. Descubrirá que hay allí también un río, pero más angosto, con cisnes de cuello negro y sin mosquitos. Hay también viento. Hay dos lagos que, de a ratos, se embravecen. Hay caminos polvorientos, un bosque petrificado y una soledad más árida y más temible que la de Gualeguaychú, por eso se vuelve y le escribe una carta desgarradora a su hijo Justino pidiéndole que se encuentre con él en este final de mundo.
Justino y toda su familia llegan a la Argentina. El pequeño Casimiro inaugura su segundo año de vida cerca del río caluroso y marrón, mientras su padre y su abuelo trabajan la chacra y su madre ha comenzado a dictar clases en la escuela de artes y oficios y va teniendo más hijos.
En el verano de 1903 una manga de langostas les devora los campos y todos deciden radicarse definitivamente en Sarmiento, aun con la soledad.
Las aguas del Lago Musters están grises, heladas y con olas. Más lejos se ven los sauces bordeando el río Senguer. Casimiro y algunos de sus hermanos comienzan a ir a la escuela allí pero, luego, él sigue estudiando pupilo en Comodoro Rivadavia. Todos saben que, en el colegio de los salesianos los huérfanos abandonados, los indígenas y los pobres de solemnidad, se admiten gratuitamente.
Después, con los años, Casimiro será esquilador, peón, carrero, mecánico. También será el primer automovilista del lugar conduciendo un Buick de cuatro cilindros con palanca afuera. Para 1918 sigue soltero, compra su primer coche propio y se independiza.
En el pueblo también vive Amalia Ramig, una joven rusa llegada con su familia de una colonia alemana en el Volga, protestante luterana.
Estimada Amalia - le escribirá ardido de vergüenza y desesperación - no sé si usted habrá reparado alguna vez en una presencia temblequeante, casi desapercibida, que la ve pasar todas las tardes por la esquina del almacén. Esa presencia, mi querida, no es otra que la mía, tan temblequeante como esta mano - también mía - que en este justo instante se atreve a escribirle y a rogarle que me permita, alguna de estas tardes, mirarla a usted a los ojos para decirle, en presencia no desapercibida sino concreta, cuánto la amo.
Casimiro se preguntará por muchos años qué fuerza había sido la que le permitió deslizar esa carta debajo de la puerta cancel de la casa de Amalia pero lo cierto es que ella accede a esperarlo y a escuchar su encendida declaración de amor de sus propios labios, un día particularmente ventoso a fines de octubre de 1918.
Pero los padres de Amalia se oponen a semejante compromiso por asuntos religiosos y, sobre todo, porque la chica es todavía menor de edad. Casimiro delira con el rapto de la niña: se imagina llevándosela lejos, despeinando sus trenzas, persiguiéndola a las escondidas entre los álamos, incluso viajando a Lituania juntos en algún barco carguero; pero al fin resuelve con cordura esperar a que ella se haga mayor. El día de su cumpleaños la va a buscar con su sombrero de paja echado para atrás y su chaqueta de domingo. Amalia sale de su casa sólo con un atado con sus ropas, una carterita de cuero negro y la negativa de sus padres, que la miran partir detrás de la ventana entrecerrada. Se casarán, pero bastantes años después porque en Sarmiento no hay iglesia.
Casimiro trabaja como contratista pero también construye caminos y escuelas y, en 1922, compra una radio. Es muy difícil sintonizar una emisora desde esas latitudes pero, cuando consigue encontrar "Radio Cultura" que llega de Buenos Aires, pone el artefacto a todo volumen y la gente del pueblo se arremolina a las puertas de su casa siempre abierta, para poder escuchar y compartir.
Con Amalia tienen seis hijos: Elena, Tula, Antena, Rosa, Alba y Febo. Todos conformarán más tarde un conjunto coral que cantará en todo acontecimiento importante de la zona. Es que Casimiro mismo es un personaje importante de la zona.
En 1929 se le ocurre explotar una mina de hierro y cobre que ha descubierto en el Lago Fontana. La llaman "El solcito" y, en su inauguración, toca la banda municipal de Sarmiento.
Casimiro también buscará uranio en las mesetas patagónicas, será operador de cine, dirigirá las obras de otras escuelas en Río Mayo, Aldea Beleiro, Apeleg; pero lo que él realmente quiere es volar. Volar como las águilas y los cóndores. Acortar distancias, difuminar fronteras, desvanecerse en el aire.
En 1933 da sus primeros pasos en un planeador. Vuela por los cielos del sur como ha hecho todo siempre: sin permiso y sin licencia.
En 1951 recién consigue su brevet y entonces se compra un avión de segunda mano y funda un aeroclub. Tendrá tres aviones Casimiro en su vida. Al tercero lo llama Chimango. Es un pequeño Luscombe de 1947 y él usa la ruta 3 como guía para seguir el rumbo.
Con ese avión traslada enfermos, acarrea materiales y hombres para seguir abriendo caminos en la Patagonia, lleva a algunos chicos, también sin permiso, a volar sobre las casas y les arroja a otros, para que se repartan, bolsas de caramelos que estallan como bombas sobre los patios de las escuelas.
Todo sigue igual - le escribirá a Amalia alguna tarde melancólica de marzo - todo sigue como era entonces, como cuando fui a buscarte con mi sombrero de paja y te vi esperarme con tus zapatitos de taco a la puerta de la casa de ladrillo de tus padres. Siempre estaremos juntos y, alguna vez, volaremos entre los pasillos de la eternidad y cruzaremos todos los obstáculos.
Tiempo después, y también con ese último avión, Casimiro tirará flores todos los domingos sobre el cementerio, tratando de hacer puntería para que las margaritas y los malvones y las rosas silvestres, caigan sobre la tumba de Amalia que ya hace algunos años no está con él. Entonces, nada es igual. Las visitas al cementerio se volverán casi cotidianas en el otoño y en el invierno de 1982, aun con frío y nieve. Solo, tantas veces sin la compañía de sus hijos o de sus innumerables nietos, continuará con la obsesiva limpieza del sepulcro matrimonial, del respaldo de yeso que lo espera como alargando los brazos en esa tierra firme tan diferente a los cielos patagónicos y abiertos.
Casimiro se apaga la tarde del 10 de mayo de 1983, después de almorzar en el aeroclub mientras se adormece escuchando por la radio una melodía de Brahms con el diario en la mano.


N. de la A. Esta historia está basada en hechos reales, entretejidos dentro de la trama de la ficción. La chacra "El labrador" que Casimiro construyó puede hoy todavía visitarse a aproximadamente 10 kilómetros de Sarmiento.


*Mónica Soave, nacida en Buenos Aires, es socióloga y vivió durante varios años en Puerto Madryn (Chubut). Escribió, entre otras obras, dos volúmenes de cuentos, uno titulado "Por Amanda y los demás" (Ed. Torres Agüero) y recientemente "El botón de nácar" (Ed. Simurg), un libro de investigación histórica sobre los primeros colonizadores galeses en el Chubut de la que -según sus propias palabras- se desprenden "ficciones" basadas en esa realidad.


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viernes, 20 de noviembre de 2009

NOTICIAS CULTURALES

DESDE SAN MARTÍN DE LOS ANDES

(Por gentileza de Ana María Maceda)



Se conocieron los nombres de quienes publicarán sus cuentos en una antología que editará Cultura.


Los sobres del concurso convocado por el Centro Editor Municipal fueron abiertos el martes y permitieron develar los nombres de los seleccionados.


En la noche del martes se conocieron los nombres de quienes fueron seleccionados por el Centro Editor Municipal, para formar parte con sus cuentos de una antología que será editada en el año 2010.


Con la presencia del jurado que estaba constituido por los integrantes del CEM: Delia Boucau, Ana María Manceda, Marcelo Gobbo, Daniel Tórtora y Jorge del Río, todos representantes de las bibliotecas populares de la ciudad, se llevó a cabo el acto de apertura de sobres.


Se encontraba como autoridad del Municipio el Subsecretario de Cultura, Gustavo Santos, quien destacó la tarea de los integrantes del CEM que desde octubre del año pasado se puso a disposición ad-honorem, de esta propuesta cultural que está reglamenta por ordenanza.


En el salón municipal siguieron esta instancia definitoria muchos de los que participaron enviando trabajos que se enmarcaban en las bases que fueron informadas oportunamente por el área de Cultura y que se centró en el género de narrativa breve.


El jurado expresó que se produjo una importante coincidencia en la elección a pesar del total hermetismo con que definieron sus decisiones.


Se otorgaron siete menciones especiales y un primer, segundo y tercer premio.


En el acto existió en primera instancia una impugnación por no contar una de las participantes con la residencia de tres años en la localidad plasmada en su documento de identidad, una de las condiciones que señalaban las bases, fue Marina Secondini quien recibió la segunda mención, y que debido a que registró su domicilio en el 2007, no podía acreditar esta residencia, pero explicó que hace más años que vive en la ciudad y que puede constatarlo con recibos de sueldo y otros documentos.


En este sentido el jurado y los presentes solicitaron que se presente el caso en el Concejo Deliberante, ya que este requisito está expresado por ordenanza y ni el subsecretario Santos ni los integrantes del CEM, pueden decidir sobre el particular.


El jurado señaló que se priorizó el nivel literario para la selección y se informó que de los 22 trabajos recibidos, 20 pertenecían a adultos y 2 a jóvenes, esta última categoría fue declarada desierta debido a que se presentaron solo dos cuentos y el nivel no alcanzó los objetivos fijados.


Los trabajos seleccionados formarán parte de una antología que será editada por la Subsecretaría de Cultura en el año 2010.


Los seleccionados: siete menciones.


1. Nicolás Coleto "Hierro forjado", 2. Marina Secondini (impugnado será presentado al Concejo Deliberante) " Que no se de cuenta", 3. Luisina Campos ""Mi abuelo cronopio", 4. Ignacio Ferrería "Voy por puchos", 5. Natacha Donadío "La Espera", . 6. Graciela Castro "Por una mosca", 7. Fernando Astuni "Original".


Primer Premio: Moira Russo - "Canción de cuna para un ángel"
Segundo Premio: Rafael Urretabizcaya - "Blanca en la montaña"
Tercer Premio:
Carlos Abadie - "Un día muy especial"



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miércoles, 18 de noviembre de 2009

LA NOTA DE HOY


BESTIARIO PATAGONICO


Por Jorge Eduardo Lenard VIVES



En los “Bestiarios” medievales convivían, en abigarrada colección, animales reales e imaginarios. Si bien la literatura patagónica no dispone de tal catálogo de bestias, muchos escritores hacen referencia en sus obras a la variada fauna que puebla la geografía sureña. Y al igual que en los “Bestiarios”, las citas reúnen entes verdaderos y ficticios.

Entre los seres fantásticos se destacan, sin dudas, los monstruos acuáticos; al estilo del plesiosauro de Sheffield. Numerosos autores les dedicaron sus creaciones: “El lago”, de Paola Kauffman; “El manuscrito de Sheffield”, de Fernando Nelson; “El palo vivo”, de Lobodón Garra; “Gondwana” de Jorge Honik. Otro animal mítico mencionado habitualmente en la literatura patagónica es el “cuero”; a quien Jorge Sánchez, escritor de El Bolsón, presenta en su cuento “El cuero del agua”. Este mismo autor recuerda en una de sus narraciones al “ellumgassen”, entidad fabulosa vagamente relacionada con el gliptodonte.

Por su parte, los animales reales que pueblan la región son objeto de continuas menciones en las obras de temática patagónica. Incluso existen algunas creaciones específicamente dedicadas a las especies más representativas, aunque muchas veces son mostradas como telón de fondo para la acción humana. Un ejemplo es la novela de Rodolfo Peña, “Trágica gaviota patagónica”, que además del ave de referencia introduce la figura del águila mora. Mientras la primera complementa al soledoso Fermín Eleuterio, la otra lo confronta. “Aventuras de un zorrino matrero”, “El guanaco vencido” y “El pingüino aventurero” son tres relatos de Asencio Abeijón que hablan sobre los animales mentados en sus títulos. Donald Borsella alude en el relato “Las torres altas” al jabalí. El puma protagoniza “El poblador”, de Oscar C. Vives.



Existen algunos comentarios literarios sobre la fauna sureña que despiertan particularmente el interés, desde los guanacos con cuernos de “El faro del Fin del Mundo” de Julio Verne, producto de un equívoco; hasta la plausible pero extemporánea aparición del jaguar en “Los náufragos del Jonathan”, del mismo autor. Lobodón Garra en “La borrasca”, un cuento de su obra “La tierra maldita”, cita la presencia de renos en uno de los archipiélagos del Atlántico Sur. Esta mención, a primera vista errónea, es aclarada en su autobiografía “Prontuario”. Allí explica que realmente existían estos animales en las Georgias del Sur, llevados a ese lugar por los operarios noruegos de las factorías balleneras asentadas en las islas.

Pero tal vez una de las alusiones más llamativas a la fauna patagónica la hace el mismo Liborio Justo en otro de sus cuentos, “Las brumas del Terror”. Allí introduce un vagabundo misterioso que marcha acompañado de un raro perro: “su pelo marrón obscuro, su largo hocico puntiagudo y sus orejas cortas y erectas”, explica el narrador del relato,” desde un principio habían llamado mi atención. Se lo hice notar. - Es un uarrah - me dijo con la mayor naturalidad. Mi extrañeza siguió en aumento. ¿Un uarrah? No era posible”. Esta insólita y poco frecuente referencia nos lleva a recordar que el “uarrah”, “warrah” o “zorro malvinero”, fue un animal que habitó en el pasado el territorio malvinense. Su presencia fue constatada por Bougainville, Fitz Roy y otros navegantes. La población, inicialmente reducida y luego acosada por los criadores de ovejas y los cazadores de pieles, se extinguió completamente a principios del siglo XX.

Borges sostenía que el Corán probaba la autenticidad de su origen árabe porque el texto no menciona al camello. El genial escritor suponía que en un país lleno de estos animales, su contemplación, por cotidiana, no concitaría la atención. Contrariando este aserto, la literatura de temática patagónica, tanto de autores regionales como foráneos, abunda en referencias a su fauna. Tal vez sea porque la atención del artista es irremediablemente atraída por la presencia de la vida silvestre -en realidad, de la vida en cualquiera de sus manifestaciones- aferrándose milagrosamente a estos espacios bravíos.


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lunes, 16 de noviembre de 2009

CONCURSOS LITERARIOS DE CUENTO Y POESÍA

Concurso de Cuentos Fundación Victoria Ocampo, 2009

"Nelly Arrieta de Blaquier"


Jurado integrado por: Ana María Shua, Jorge Cruz y Marcelo Gioffré.



Bases:

1- Se premiará con una edición al mejor libro de cuentos inéditos.

2- Se editará una antología con los mejores cuentos del concurso.

3- Podrán participar todos los escritores argentinos, que presenten cuentos originales e inéditos.

4- Los originales deberán ser entregados desde el 1° de septiembre hasta el día 10 de diciembre de 2009.

5- El jurado estará integrado por Ana María Shua, Jorge Cruz y Marcelo Gioffré.

6- Cada participante deberá enviar un libro de cuentos cuya extensión no sea menor de sesenta (60) y no mayor de ciento treinta (130) carillas. Cada carilla deberá estar escrita en tamaño A4 y el interlineado será a dos espacios. Se deberán presentar tres (3) ejemplares encarpetados y anillados del libro, escritos en PC o máquina de escribir, sobre una sola cara del papel. En la portada de cada ejemplar se escribirán el seudónimo elegido y el título de la obra El participante deberá presentar un sobre cerrado que contenga el nombre, apellido, número de documento de identidad, domicilio, teléfono, e-mail (si lo tuviera) y el título de la obra presentada. En el frente del sobre se deberán escribir el seudónimo y el título de la obra. Las tres carpetas y el sobre cerrado deberán remitirse dentro de un sobre o paquete cerrado con la siguiente inscripción “Concurso de Cuentos Fundación Victoria Ocampo, 2009 "Nelly Arrieta de Blaquier". Dirección: Sarmiento 1562, Mesa de Entrada, (1042) Capital Federal, los días hábiles de 9 a 19 hs., o enviarse por correo a la misma dirección. En caso de envío por correo la fecha de finalización de recepción de los trabajos es la consignada en el artículo 4°, con prescindencia de la fecha de remisión del libro. Contra la recepción de las obras se entregará al participante un recibo en el que conste el número con el que ingresa al concurso.

7- Cada participante podrá presentar la cantidad de libros que desee sujeto a la condición de que cada una se envíe en un sobre por separado y que en cada una de ellas conste un seudónimo diferente.

8- No tendrán derecho a participar los trabajos que no reúnan los requisitos previstos en estas bases.

9- Los participantes que obtengan el premio o cuyos cuentos sean seleccionados, autorizan expresamente a la Fundación Victoria Ocampo a difundir sus nombres, imágenes, datos personales, en los medios y formas que la editorial considere conveniente sin derecho a compensación alguna.

10- El simple hecho de participar en el concurso implica el conocimiento y aceptación de estas bases y de las modificaciones que pudiera realizar la Fundación Victoria Ocampo respecto de las mismas, así como de las decisiones que pudiera adoptar la Fundación Victoria Ocampo sobre cualquier cuestión no prevista en ellas, supuesto en los cuales los participantes no tendrán derecho a reclamo alguno. Las situaciones no previstas serán resueltas por el Jurado y la Comisión Directiva de la Fundación y su decisión será inapelable.

11- El Jurado podrá decretar desierto el Primer y Segundo Premio.

12- Los participantes que obtengan el Primero y Segundo Premio ceden a la Fundación Victoria Ocampo el derecho de publicación del libro premiado sin derecho a compensación alguna ni remuneración por derecho de autor. Lo obtenido por la venta de esos ejemplares será destinado a futuras publicaciones de la Fundación Victoria Ocampo sin fines de lucro.

13- Quien obtenga el Primer Premio no podrá participar por el término de cinco años en certámenes futuros que la Fundación Victoria Ocampo organice en la misma categoría que resultó premiado.

14- Los trabajos presentados no serán devueltos.



Concurso de Poesía "Alejandro G. Roemmers 2009"



Jurado integrado por: Alejandro G. Roemmers, Rafael Felipe Oteriño, Antonio Requeni, Ana Zemborain y Jorge E. Clemente.


Bases:

1- Se premiará con una edición al mejor libro de poemas inéditos.

2- Se editará una antología con los veinte mejores poemas del concurso.

3- Podrán participar todos los escritores argentinos, que presenten poemas originales e inéditos.

4- Los originales deberán ser entregados desde el día 1º de octubre hasta el día 31 de diciembre de 2009.

5- El jurado estará integrado por Alejandro G. Roemmers, Rafael Felipe Oteriño, Antonio Requeni, Ana Zemborain y Jorge E. Clemente.

6- Cada participante deberá enviar un libro de poemas cuya extensión no sea menor de cincuenta (50) y no mayor de ciento veinte (120) carillas. Cada carilla deberá estar escrita en tamaño A4 y el interlineado será a dos espacios. Se deberán presentar tres (3) ejemplares encarpetados y anillados del libro, escritos en PC o máquina de escribir, sobre una sola cara del papel. En la portada de cada ejemplar se escribirán el seudónimo elegido y el título de la obra El participante deberá presentar un sobre cerrado que contenga el nombre, apellido, número de documento de identidad, domicilio, teléfono, e-mail (si lo tuviera) y el título de la obra presentada. En el frente del sobre se deberán escribir el seudónimo y el título de la obra. Las tres carpetas y el sobre cerrado deberán remitirse dentro de un sobre o paquete cerrado con la siguiente inscripción “Concurso de Poesía "Alejandro Roemmers 2009” . Dirección: Sarmiento 1562, Mesa de Entrada, (1042) Capital Federal, los días hábiles de 9 a 19 hs., o enviarse por correo a la misma dirección. En caso de envío por correo la fecha de finalización de recepción de los trabajos es la consignada en el artículo 4°, con prescindencia de la fecha de remisión del libro. Contra la recepción de las obras se entregará al participante un recibo en el que conste el número con el que ingresa al concurso.

7- Cada participante podrá presentar la cantidad de libros que desee sujeto a la condición de que cada una se envíe en un sobre por separado y que en cada una de ellas conste un seudónimo diferente.

8- No tendrán derecho a participar los trabajos que no reúnan los requisitos previstos en estas bases.

9- Los participantes que obtengan el premio o cuyos poemas sean seleccionados, autorizan expresamente a la Fundación Victoria Ocampo a difundir sus nombres, imágenes, datos personales, en los medios y formas que la editorial considere conveniente sin derecho a compensación alguna.

10- El simple hecho de participar en el concurso implica el conocimiento y aceptación de estas bases y de las modificaciones que pudiera realizar la Fundación Victoria Ocampo respecto de las mismas, así como de las decisiones que pudiera adoptar la Fundación Victoria Ocampo sobre cualquier cuestión no prevista en ellas, supuesto en los cuales los participantes no tendrán derecho a reclamo alguno. Las situaciones no previstas serán resueltas por el Jurado y la Comisión Directiva de la Fundación y su decisión será inapelable.

11- El Jurado podrá decretar desierto el Primer y Segundo Premio.

12- Los participantes que obtengan el Primero y Segundo Premio ceden a la Fundación Victoria Ocampo el derecho de publicación del libro premiado sin derecho a compensación alguna ni remuneración por derecho de autor. Lo obtenido por la venta de esos ejemplares será destinado a futuras publicaciones de la Fundación Victoria Ocampo sin fines de lucro.

13- Quien obtenga el Primer Premio no podrá participar por el término de cinco años en certámenes futuros que la Fundación Victoria Ocampo organice en la misma categoría que resultó premiado.

14- Los trabajos presentados no serán devueltos.


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